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martes, marzo 10, 2026
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Lo que no hacen los buenos

Depresión posparto.

Efraín Delgadillo Mejía

La escritora inglesa Mary Shelley había comido láudano (tintura de opio) para conciliar el sueño. El efecto de la planta fue terrible para ella: sufrió alucinaciones, una pesadilla donde daba vida a un hombre, hecho de retazos humanos, que recibía energía de un motor. Fue un sueño despierto. Así lo relató en su diario.

La novela de Frankenstein fue publicada sin firma, pero Mary Shelley admitió su autoría años después. Desde esa época, se ha empleado el libro de Frankenstein para ilustrar un híbrido antinatural, resultado de la ambición desmedida de una persona. Crea un monstruo y lo abandona. Mary Shelley comparó esto con la muerte de su madre cuando ella nació.

La presidenta Claudia Sheinbaum presentó la Iniciativa de Reforma Electoral el 5 de marzo, un jueves. Esta iniciativa cambia 11 artículos de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, que se suman a los 54 que ya fueron alterados, para un total de 65. Es un récord absoluto.

Una semana antes se había anunciado la iniciativa; ese día se exhibieron como logros cosas que después no fueron incluidas. Por ejemplo, el cierre de las Juntas Locales Electorales, los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLES) y el Programa de Resultados Electorales (PREP).

Cada una de estas modificaciones es consecuencia de la presión política ejercida por los aliados de la Cuatro Té. La reforma electoral se convirtió en un monstruo espantoso hecho de fragmentos, como la pesadilla de Mary Shelley: Frankenstein.

Se trató de un proceso de negociación que duró seis meses. Rosa Icela Rodríguez, Pablo Gómez y la presidencia son los responsables de dicho proceso. Después de esos seis meses, se presenta y cambia en una semana.

En las mesas de la Secretaría de Gobernación (Segob) participaron Arturo Escobar y Manuel Velasco del PVEM; Ernesto Villarreal y Benjamín Robles del PT. No hubo capacidad para armar un consenso por parte de los encargados de hacerlo: Pablo Gómez, al frente de la Comisión Presidencial, y Rosa Icela Rodríguez, titular de la Segob.

En esa comisión, también participaron Jesús Ramírez Cuevas, Lázaro Cárdenas Batel y Arturo Zaldívar. Poco se sabe de lo que hicieron o de sus logros.

El principal atractivo de la reforma era que los plurinominales se eliminarían; con la actual propuesta, solo se tiene un impacto en el Senado. Reduce la cantidad de senadores de 128 a 96, suprimiendo 32 plurinominales (uno por estado), y modifica el método de elección de los 200 diputados plurinominales: estos no conseguirán su curul al estar en las primeras posiciones de una lista, sino que tendrán que realizar campaña. Siguen los 500 diputados. No cambian.

El PREP se sostiene por las presiones ejercidas del Partido Verde Ecologista. La Secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, había afirmado el 25 de febrero: «Los cómputos distritales comenzarán una vez que concluya la jornada electoral, eliminando así los PREP y pasando directamente a los resultados preliminares oficiales». Ahora la secretaria guarda un silencio modesto.

Los OPLES persisten debido a la presión ejercida por el PAN, el PRI y Somos MX. (esta sería su primera victoria en términos electorales) y las Juntas Distritales permanecen debido a la presión de los consejeros electorales. La propuesta de eliminarlas proviene del presidente López Obrador.  Desde entonces los consejeros electorales nos han advertido que sería un retroceso catastrófico.

Nos muestran como un éxito el hecho de que las donaciones se hagan a través del sistema bancario SPEI y que no esté permitido recibirlas desde el extranjero. Con la modificación de un reglamento se hubiera conseguido, francamente.

La reforma electoral es un monstruo de Frankenstein que ha sido creado sin la opción de hallar a alguien que la quiera. El monstruo que es incomprendido también es sensible y educado; sin embargo, se convierte en destructivo a causa de la soledad y el desprecio que le impone su creador junto con la sociedad. El doctor Frankenstein llora arrepentido: «¿Cómo puedo describir mis emociones ante esta catástrofe, o cómo describir al desdichado que con tanto esfuerzo y cuidado me había esforzado por formar?». Los especialistas reconocen en esto el trauma postparto.

Tal vez el mejor resumen de la reforma electoral, la ley Frankenstein, lo hace la misma presidenta Claudia Sheinbaum: “Si no se aprueba, no es una derrota, es una victoria porque la presenté; yo estoy cumpliendo y ya depende de los diputados o del Senado si se aprueba”.