- La estudiante de Derecho en la FES Aragón combina la disciplina universitaria con el alto rendimiento rumbo al ciclo olímpico de 2028
Con información de la UNAM
Ciudad de México, CDMX. 21 de abril de 2026.- Estudiante de la FES Aragón, Guadalupe Dinamita Torres Tavares combina la disciplina universitaria con el alto rendimiento rumbo al ciclo olímpico de Los Ángeles 2028, convencida de que el boxeo no es “para hombres”, sino para quien tenga la fe y el carácter de subir al ring.
Lejos de sucumbir a un ambiente con mucha vulnerabilidad económica y social en el corazón del barrio bravo de Tepito en la colonia Morelos de Ciudad de México, fue una niña decidida que persiguió contra todo y contra todos sus sueños de ponerse los guantes y subirse a un cuadrilátero de boxeo. A sus 20 años de edad rompió esquemas. No sólo es parte de la selección mexicana de boxeo, sino también estudiante de la UNAM en sexto semestre de la licenciatura de Derecho en la Facultad de Estudios Superiores (FES) de Aragón.
Sus principales resultados son: bicampeona de los Puños Rosas en 2020 y 2021; campeona de la Diadema Dorada 2021; campeona de los Guantes Dorados 2022; plata en la Copa Mundial Juvenil en Montenegro 2023; campeona Nacional 2023; bronce en los Juegos CONADE 2023, y plata del Campeonato Continental de Cali, Colombia 2023; campeona nacional 2025 clasificatorio al Grand Prix; oro en el Grand Prix 2026 del Comité Olímpico Mexicano; bronce en el primer clasificatorio a los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, en Guadalajara 2026. Por estos días participa en la Copa Mundial de Boxeo de Iguazú, Brasil, programada del 19 al 27 de abril.
A todas esas niñas que sueñan con el alto rendimiento, ofrece un consejo que ella misma siguió: “En primera, que no se dejen llevar por los prejuicios. Si les gusta taekwondo o boxeo, lo que sea, que lo hagan, aunque les digan que es para hombres. ¿Dónde está escrito? En ningún lado está escrito que es para hombres”.
Recordó los momentos iniciales de cuando quiso ser boxeadora a sus 7 años de edad. Su primera remembranza fue la reacción de su papá, porque si bien es de una familia de pugilistas y de barrio bravo, sí le cuestionó cómo su hija iba a meterse en ese ambiente que sufren los boxeadores, muchas veces estigmatizado por las drogas y la pobreza.
Pero el barrio bravo la llamaba, y en un curso de verano en la colonia Morelos, en un gimnasio hicieron diferentes combates de exhibición y con 7 años de edad le surgió el impulso de subirse al ring.
–Oye, papá, quiero pelear.
–Tú estás loca, ¿cómo vas a pelear?
Ni entrenas.
–Quiero pelear.
Y ya vio que tenía tantas ganas que le dijo que preguntara al profesor si tenía una chavita con la que pudiera competir. “Me dijeron que sí, que me fuera a cambiar, pero cuál cambiar, no traía nada de ropa deportiva. Mis papás rápido fueron a comprarme unas vendas, conseguí un short y una playera. Así fue mi primera pelea”.
Fue entonces que su papá decidió apoyarla al verle cualidades y entusiasmo. “Vio cómo me desempeñé en el ring, las ganas que le eché”.
Cuando su papá no tuvo duda en impulsarla como boxeadora, coincidió que en la escuela “me peleé con unos niños que me molestaban y la maestra lo mandó a llamar”.
La profesora le dijo que la apoyara, pues el boxeo podría ser su futuro.
El peso de los estereotipos
En secundaria las burlas no tardaron en aparecer. Le ponían apodos por practicar un deporte de hombres. “Sí duele, pero justo las generaciones van evolucionando y ahorita se da menos”.
Su historia dialoga con una realidad más amplia: la de mujeres que han irrumpido en espacios tradicionalmente masculinizados y transformaron su significado. Lupita Torres no desconoce esa responsabilidad. “Ya una como deportista es un ejemplo para las que vienen atrás empujando”.
Ella misma encontró inspiración en figuras como Ana María Torres y Jackie Nava, pioneras del boxeo femenil en México. “Pelean bien bonito. A mí sí me gustan mucho sus peleas y fue una motivación cuando las conocí”.
Explicó que cada pelea ganada significa el trabajo realizado, “las ganas y la preparación”. En los torneos no es sólo un combate, son varios, por lo que “me siento más tranquila cuando gano dos o las tres primeras peleas, porque sé que aseguré medalla, pero si llego a ganar la primera y sé que todavía no tengo medalla, me siento insatisfecha, porque aún no estamos en el podio”.

El nacimiento del sobrenombre
Cuando estaba iniciando no tenía sparring mujer, entonces la subían con puro hombre y recuerda que a todos los golpeaba muy fuerte. Entonces su papá le dijo que sería “dinamita”, mucho por Juan Manuel Dinamita Márquez.
“Mi mamá es más mi apoyo motivacional. Mi papá es muy duro, exigente: ‘Lupita no sale, Lupita no va a fiestas’. La última vez que salí a un antro con mis amigas fue hace tres años, justo cuando perdí una pelea”.
El hecho le hizo asociar que perdió porque no se enfocó en la competencia.
De ahí en adelante, sostuvo, si acaso sale a comer con sus amigos, pero muy rara vez. “Y no es sólo por mi papá, también es algo mío. A veces mis amigas me dicen: ‘Hay que salir, Lupita’, y a mí me da remordimiento, como si estuviera fallando en algo”.
Exaltó que ya habrá tiempo para disfrutar. “Si me va bien en una competencia, entonces sí salgo a comer con mis amigas. Pero una o dos veces, nada más”.
Indicó que es complicado entrenar con un papá tan exigente. “A veces me habla muy fuerte. Estoy pegándole al costal y me dice: ‘No, pégale más duro’. O estoy cansada, termina el round y me detengo, y se enoja: ‘¿Cómo te vas a parar? ¿Crees que así te vas a parar en una pelea?’ Y sí, me enojo. Le he contestado y nos hemos peleado”.
No obstante, resuelven ese tipo de momentos. “Ya después, en la casa, hablamos. Le digo: ‘Oye, papá, a mí no me gusta que me hables así’. Y él me dice: ‘A mí no me gusta que me contestes’. Entonces buscamos un acuerdo. Yo le digo: ‘Háblame bien y yo te hago caso’. Y así lo arreglamos. Lo positivo es que tenemos buena comunicación. Pero tampoco es que mi papá me diga: ‘Vete tú sola, haz las cosas’. Al final somos un equipo. Somos él y yo”.
Tiempos de pandemia… fueron buenos
Acerca de su etapa como estudiante, fuera en preparatoria o en la propia FES Aragón, relató que le tocó cursar el bachillerato con la pandemia de Covid-19. “Estuve dos años en línea y sólo uno presencial. Pero justo en esos años tuve el Continental y el Mundial, entonces casi no iba a la escuela porque pedía permiso para competir. La verdad no pude disfrutar mucho mi etapa de preparatoria, entre la pandemia y las competencias. A mí la pandemia me cayó súper bien en lo deportivo. Fue cuando más subió mi nivel en el boxeo. Me la pasaba entrenando, incluso con cubrebocas. Mientras muchos estaban detenidos, yo entrenaba. Ahí siento que crecí mucho como boxeadora”.
Reconoció la complicación de combinar el alto rendimiento deportivo con la escuela: “Hacer bien mis entrenamientos y llevar un buen rendimiento en la escuela sí me ha costado. Mis entrenamientos son tres al día, más la escuela, y tengo que ajustarlos a veces y entrenar de noche. El chiste es cumplir”.
Aunque la UNAM le ofrece la facilidad de prolongar su tiempo de estudio para cerrar la carrera de Derecho, Lupita Torres afirmó que ella quiere terminar en tiempo y forma, como marca el plan de estudios; relató que depende mucho de los maestros que la apoyen cuando tiene encuentros importantes. Algunos son accesibles y otros no hacen excepciones, así que debe adaptarse y continuar siempre hacia adelante. Ya con seis semestres de estudio en la FES Aragón, la pugilista observa hacia el futuro y quiere especializarse en derecho aduanero o mercantil.
Reconoció que en primera instancia quiso estudiar Nutrición. Sin embargo, los tiempos de traslado a Ciudad Universitaria no se ajustaban puesto que su idea de ser boxeadora estaba latente. La opción que también le gustó fue la carrera de Derecho en la FES Aragón, pues le quedaba muy cerca de su casa y le concedía tiempo para entrenar, “además de tener de esta forma la oportunidad de defenderme a mí y a otras personas a través de las leyes”.
“Con fe todo se puede”
En un país donde las mujeres han demostrado resultados históricos en el deporte de alto rendimiento (Soraya Jiménez, Ana Guevara, Rosario Espinoza, Paola Espinosa, Lorena Ochoa, entre otras), ella asume el reto sin comparaciones simplistas.
“En el boxeo gana quien tenga más cualidades. Entonces, hay que trabajar esas cualidades. Lo físico, lo mental. Si lo vas a hacer, lo haces”.
Se debe romper la idea de que hay espacios prohibidos. “Que no les importe lo que les digan. Comentarios siempre habrá. Si les gusta, que lo hagan”.
Su frase de batalla no es una consigna vacía, sino una disciplina cotidiana: “Es con fe. Sí se puede. Con fe todo se puede”.
Créditos a la UNAM.




