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jueves, junio 25, 2026
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EL NACER DE UN TENOR, LA METAMORFOSIS DE UNA VOZ TRANS

Con información de la UNAM.

  • En la transición vocal de soprano a tenor que vivió David Durán, fue indispensable el acompañamiento del maestro Luis Yubeuk, académico de la Facultad de Música de la UNAM, quien adaptó la técnica a lo que requería su alumno

Juan David Durán Gutiérrez es profesor, brinda acompañamiento psicopedagógico y representa a la titular de la Comisión Interna para la Igualdad de Género en la Facultad de Música (FaM) de la UNAM. El canto lo ha acompañado a lo largo de sus 30 años de vida como una pasión y como una forma de expresión importante, en la que emplea un recurso muy significativo para él: la voz.

“Representa el sonido del alma, es algo muy transparente. Tiene mucho que ver con develar tu existencia y con cómo existes. Cuando empecé a ser genuino con mis comportamientos e identidad, se acalló por mi familia”. En 2017, David comenzó su transición de género con terapia de reemplazo hormonal y esto cambió su registro vocal, de soprano a tenor.

“Me identificaba con ese tono y llegaba a ciertas notas, pero al buscar otras cosas tuve que renunciar a ello. Fue morir y renacer, algo complicado porque, durante un lapso largo, dejé de cantar”. Ya laborando en la FaM, decidió tomar clases de canto. Ahí conoció al maestro del Ciclo de Iniciación Artística y Educación Continua, Luis Yubeuk Ocampo.

Este académico ha roto con las pedagogías rígidas para adaptar sus enseñanzas a lo que David necesita. “Como docente, acompañarlo ha sido revelador y enriquecedor. Salí de mi zona de confort, investigué, me eduqué y pregunté; al final eso es parte de nuestro quehacer. Me da gusto la confianza depositada en mí y en él mismo, y que de forma paulatina aprendiera a reconocer su nueva voz y sus sensaciones”, comenta.

Transición vocal

David Durán, hombre trans, es psicólogo de profesión, pero en un principio quería estudiar Música, objetivo que dejó de lado para evitar que su familia se lo prohibiera, así como hizo con los deportes, la ropa que le gustaba y sus compromisos sociales. “Busqué que mi voz resonara siempre y pensé que en Psicología adquiriría herramientas”. Hoy, en sus clases brinda elementos necesarios que permiten a sus estudiantes afrontar la vida universitaria, el estrés y el manejo de emociones.

David cuenta que su transición vocal fue abrupta. De una semana a otra hubo un cambio sustancial: pasó de tesituras agudas (como las de Cristian Castro o Juan Gabriel) a una más grave (como la de Alberto Vázquez). “Te enfrentas a un duelo. Tu instrumento interno cambia, a diferencia de lo que pasa si tocas violín, piano o alguna otra cosa”.

Las clases del profesor Luis Yubeuk han sido una guía para reencontrarse con lo que tanto le apasiona. “Recuperé esa vida e identidad, el cómo suena realmente David sin fingir o aparentar. Me gustaba mi voz hablada, pero debía trabajar con la cantada. Te duele el cuello y la espalda en lo que vas acomodando todo; tu postura, forma de hablar y de exponerte al mundo se modifica”.

El joven añade que este proceso implicó el asedio y violencia de otras personas que han pasado por lo mismo, desde comparar el tono de sus voces hasta la forma de comportarse.

Romper esquemas

En 2024, Luis Yubeuk conoció a David en el taller de canto. Desde el principio reconoció su talento y capacidad de reaccionar a las indicaciones. “Hace un año impartí un par de clases a una persona trans masculina. Con David llevamos cuatro módulos; por lo tanto, tuve que investigar e informarme con doctores, foniatras, colegas que han tratado con personas trans, pedagogos y logopedas que pudieran guiarme”.

El profesor Yubeuk explica que en la transición de las personas trans masculinas hay dolor en la laringe porque la testosterona provoca que tanto ese órgano como los pliegues vocales se agranden. “Hay que acompañarlos desde la paciencia, sin juzgar, porque en una semana esa sensación puede ser distinta y, en dos, surgir una voz muy diferente”.

En el proceso de aceptación y de autorreconocimiento de David lo más importante ha sido no forzar su voz. “Toda la vida tuve este diálogo de: ‘mientes y finges ser algo que no eres’, y esa ya no era la idea”. En año y medio, el acompañamiento comprensivo, empático y respetuoso que ha recibido le permitió conseguir avances relevantes.

Su maestro recuerda que al principio era muy tímido, pero ahora canta con más confianza. “Mejoró, de manera técnica, la estabilidad de su laringe, su sonido, su presión y su compresión de aire. En nuestro último ensayo cantó superbonito”.

Aunque David prefiere repertorios con boleros, boleros rancheros y baladas, se dio la oportunidad de explorar nuevas posibilidades. “Con el tiempo me empezó a gustar cómo me escucho. Luis me pone piezas que me cuestan trabajo porque son románticas y yo soy muy serio, pero ha sabido explotar esa parte. Por él también le tomé cariño a la música académica, a la poesía y al canto operístico”. En la actualidad busca disfrutar lo que canta y transmitir eso a quienes lo escuchan.

Inclusión

David Durán reflexiona sobre la importancia de que, desde la docencia, se adecuen las pedagogías, se respete al estudiantado y se fomenten espacios sin juicios ni estereotipos. “No se trata de ver el cuerpo y, con ello, catalogar; debe escucharse el alma de las personas. Por eso es importante recordar este tipo de temáticas. Todos merecemos educación con calidez humana”.

Luis Yubeuk sostiene que el derecho a cantar y a educar la voz no debe condicionarse al género de nacimiento, ni forzar al ser humano a entrar en dinámicas pedagógicas rígidas. Más bien hay que adaptar la técnica a la personalidad e identidad de cada quien.

“La ópera se rige por binarismos: el soprano es la heroína y el tenor es el héroe; el barítono a lo mejor es el abuelo o el villano y la mezzosoprano es la rebelde o la bruja, pero no debe ser siempre de esa manera. Esto abre nuevas puertas a la investigación pedagógica del siglo XXI. La ópera, por ser inclusiva, se va a enriquecer artísticamente”. David concluye señalando que, desde su paso por la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, la UNAM ha representado un hogar: “La psicología me ayudó a sobrevivir y la música me ayudará a vivir. Siempre me he sentido seguro, acogido, respetado y aceptado. Por supuesto que existe el miedo, pero a diferencia de mi familia, que terminaría abandonándome, la Universidad nunca lo hizo”.

Créditos a la UNAM.