Aunque es el país más pequeño del mundo, la Ciudad del Vaticano también tiene su propia selección nacional de fútbol. El equipo representa al Estado pontificio en encuentros amistosos y está integrado por empleados de la Santa Sede, entre ellos miembros de la Guardia Suiza, trabajadores de los Museos Vaticanos, empleados de correos y personal de distintos organismos vaticanos.
La estructura deportiva del Vaticano comenzó a tomar forma en 1972 con la fundación de la Asociación Deportiva Amateur Vaticana, organismo que coordina las actividades deportivas de los trabajadores de la Santa Sede. Los jugadores visten los colores amarillo y blanco de la bandera vaticana y suelen disputar sus partidos en el Campo Pío XI, ubicado en Roma.
A diferencia de otras selecciones nacionales, el Vaticano ha decidido mantenerse al margen de la FIFA y de la UEFA. Esta decisión responde a una filosofía particular sobre el deporte. Domenico Ruggiero, presidente de la asociación deportiva vaticana, explicó en una ocasión: “Prefiero ser amateur. Unirse a la FIFA sería como un negocio”. También señaló que el mensaje más importante del deporte es la amistad y el respeto, valores que considera más visibles en el deporte amateur que en el fútbol profesional moderno.
A lo largo de los años, la selección vaticana ha disputado diversos encuentros amistosos contra equipos nacionales, clubes y combinados especiales. Incluso el legendario entrenador italiano Giovanni Trapattoni dirigió al equipo en un partido benéfico.
En 2019, con el respaldo del Papa, el Vaticano dio otro paso importante al crear su primera selección femenina de fútbol. El equipo está compuesto principalmente por trabajadoras de la Santa Sede, así como por esposas e hijas de empleados vaticanos.
Además, sacerdotes y seminaristas cuentan con su propio torneo internacional: la Clericus Cup. Esta competición, fundada en 2007 y disputada anualmente en Roma, reúne a participantes de decenas de países y es conocida popularmente como el “Mundial de los sacerdotes”.
Lejos de buscar títulos internacionales o clasificaciones mundialistas, el fútbol vaticano tiene un objetivo distinto: promover la fraternidad, la convivencia y los valores cristianos a través del deporte. En el Estado más pequeño del planeta, el balón también rueda, pero con un énfasis especial en la amistad y el espíritu de servicio.




