Escuchar, contener y sostener: claves para comprender la adolescencia actual

Con información de la UNAM

La adolescencia, más que una etapa del desarrollo es una experiencia compleja que revela tanto las transformaciones internas de quienes la atraviesan como las fracturas de la sociedad que los rodea. En un contexto donde las generaciones parecen cada vez más distanciadas y los lazos de comunicación, confianza y acompañamiento se han debilitado, los adolescentes quedan expuestos a exigencias, riesgos y conflictos emocionales que no siempre pueden afrontar solos.

Esta realidad es especialmente grave si se considera que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el suicidio es actualmente la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años, lo que evidencia la urgencia de atender de manera prioritaria su bienestar emocional.

El comportamiento adolescente, con frecuencia juzgado o malinterpretado, suele reflejar ausencias, presiones y duelos profundos. Reconocerlo implica asumir una responsabilidad colectiva: comprenderlos con respeto, escucharlos con sensibilidad y acompañarlos con el compromiso que su vulnerabilidad y valor humano demandan.

En la conferencia “Contener, sostener y reparar a nuestros adolescentes: la deuda de responsabilidad con ellos”, el Dr. Gerardo Mora Gutiérrez, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, ofreció a madres y padres claves para abrir espacios de comprensión y evitar que la adolescencia se viva como una experiencia de soledad, en lugar de un periodo de sostén y posibilidad.

Falta de reconocimiento y ruptura generacional

Mora Gutiérrez explicó que existe una profunda brecha generacional que afecta a los adolescentes y genera un terreno fértil para muchas de las dificultades que enfrentan hoy las juventudes. Aunque socialmente se cree conocer a los jóvenes, en realidad hay poco reconocimiento de sus procesos internos, de sus dolores y de la manera en que construyen su identidad.

“¿Quién cuida realmente a los adolescentes? ¿Quién se hace cargo de su seguridad emocional, física y social? ¿Cómo pueden vivir plenamente su adolescencia cuando la sociedad no garantiza acompañamiento? ¿En qué momento se rompió el puente de comunicación, respeto y confianza entre generaciones?”
Dr. Gerardo Mora Gutiérrez, Facultad de Psicología, UNAM

Esta desconexión deja a muchos adolescentes vulnerables, inseguros y, con frecuencia, profundamente solos. Su comportamiento no solo habla de ellos, sino también de las fallas estructurales de nuestra sociedad.

La infancia como raíz de las carencias adolescentes

Para comprender por qué muchos adolescentes arrastran profundas carencias emocionales es indispensable mirar hacia la infancia que vivieron. Tradicionalmente, los duelos propios de esta etapa estaban vinculados con la pérdida del cuerpo infantil, la identidad pasada y la figura idealizada de los padres. También se elaboraban duelos por aquello que fueron, por lo que dejaron de ser, por lo que nunca tuvieron y por lo que quizá nunca podrán tener.

Hoy se suman duelos nuevos: el de una infancia que no siempre fue segura o amorosa, y el de un futuro incierto que se percibe cada vez más amenazante. Estas pérdidas ayudan a explicar muchas de las manifestaciones emocionales de la adolescencia contemporánea: irritabilidad, enojo, desasosiego, frustración y una profunda sensación de vulnerabilidad que suele confundirse con rebeldía.

“La infancia es el periodo donde se forman estructuras psíquicas esenciales: el yo, el ser y la identidad. Cuando estas estructuras no cuentan con bases sólidas, la adolescencia se vuelve un territorio especialmente desafiante”, explicó el especialista.

Dentro del desarrollo infantil existe un periodo clave: la latencia, que abarca aproximadamente de los 6 a los 11 años. En esta etapa, la efervescencia emocional se estabiliza y permite la consolidación psíquica. Lo vivido entonces se articula, se ordena y permanece como base para la construcción posterior de la adolescencia.

Sin embargo, el académico advirtió que actualmente la aceleración de los procesos de vida ha erosionado el respeto por este periodo. Hoy existen casos de niñas y niños de 9 o 10 años con un desarrollo psicosexual precoz, con implicaciones hormonales y psicológicas que incluso requieren intervención médica.

Además, la presión por “adultizar” a los niños —sexualizarlos, erotizarlos, imponerles conductas o apariencias fuera de su etapa evolutiva— genera adolescencias prematuras que no son auténticas ni a nivel biológico ni psicológico. Esta alteración pone en riesgo la estructuración psíquica y abre la puerta a complicaciones tempranas.

Cuando la latencia se pierde o se interrumpe, el desarrollo puede verse seriamente afectado. Esto se convierte en un caldo de cultivo para síntomas adolescentes que no deben leerse como fallas individuales, sino como el resultado de experiencias vitales truncas.

Un contexto histórico que intensifica la crisis: siete rupturas contemporáneas

La incomprensión que hoy enfrentan los adolescentes no surge de manera aislada. Está profundamente vinculada con transformaciones sociales, tecnológicas y culturales que comenzaron con el siglo XXI y que, en los últimos cinco años, se intensificaron de forma radical.

Estas transformaciones han dado lugar a siete rupturas profundas que inciden directamente en la experiencia adolescente:

  1. Pantallas como vínculo social: sustituyen el contacto humano, empobrecen la empatía y desplazan el yo humano por el virtual.
  2. Redes sociales: promueven adicciones, comparaciones constantes y vínculos frágiles; la exclusión digital genera ansiedad intensa.
  3. Pandemia: interrumpió rituales fundamentales y produjo duelos múltiples en etapas clave del desarrollo.
  4. Modificaciones neurocognitivas: la sobreestimulación afecta atención, memoria, aprendizaje y procesamiento emocional.
  5. Exposición a peligros en línea: violencia, acoso y depredadores digitales colocan a los jóvenes en situaciones de alto riesgo.
  6. Violencias estructurales y familiares: la inseguridad social y doméstica contribuye directamente a la vulnerabilidad emocional.
  7. Ausencia de autoridad simbólica: la falta de referentes confiables debilita la contención, la protección y el orden de la experiencia.

La ausencia de amor, confianza y sostén

Otro de los factores que impacta de manera decisiva a los adolescentes es la carencia de seguridad, amor y confianza. Las instituciones, los espacios familiares e incluso la vida comunitaria han dejado de ofrecer, en muchos casos, los soportes necesarios para que la adolescencia pueda desplegarse como una etapa de crecimiento, exploración y consolidación.

¿Qué podemos hacer por los adolescentes?

Acompañar a los jóvenes exige comprender la adolescencia como una experiencia compleja, atravesada por procesos sociales, tecnológicos y familiares. Algunas acciones clave son:

  • Escuchar y dialogar: preguntar qué necesitan y reconocer que su mundo ha cambiado.
  • Reconocer su singularidad: brindar espacios para la diferenciación personal, la identidad y la sexualidad.
  • Ofrecer contención emocional: presencia, palabra, mirada y validación de sus procesos.
  • Enseñar a confrontar y poner límites: fomentar resiliencia, tolerancia a la frustración y autonomía.
  • Proporcionar referentes confiables: figuras que inspiren, contengan y proyecten horizontes saludables.

Acompañar a los adolescentes requiere una mirada integral: escuchar, contener, confrontar, sostener y reconocer. No solo necesitan cuidados, sino espacios donde puedan desarrollarse con seguridad y afecto. Los adolescentes son espejos que reflejan no únicamente sus propias vidas, sino también lo que nuestra sociedad —en su fondo— realmente es.

Créditos a la UNAM.