- El arqueólogo Alfonso Torres Rodríguez expuso las variantes de este tema representado en sitios de la zona serrana y el Valle del Mezquital del estado
- Su participación se enmarcó en el X Coloquio Internacional de Historia, Arquitectura, Escultura, Urbanismo y Costumbres Funerarias
Con la identificación de, por lo menos, 55 escenas en 25 sitios del estado de Hidalgo, la visita al señor del inframundo es un tema iconográfico representado ampliamente en la gráfica rupestre, cuyo estudio contribuye a comprender las concepciones mesoamericanas sobre el mundo de los muertos, las relaciones entre humanos, ancestros y entidades sobrenaturales, su transformación y continuidad hasta hoy.
Así lo planteó el investigador adscrito al Centro INAH Hidalgo, Alfonso Torres Rodríguez, en una conferencia dictada en el X Coloquio Internacional de Historia, Arquitectura, Escultura, Urbanismo y Costumbres Funerarias, organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
El arqueólogo explicó que ha trabajado ese mito a partir del concepto de sintagma gráfico, que consiste en un grupo de imágenes organizadas de manera predeterminada para formar una escena con un significado específico, los cuales pueden cambiar, pero conservan su sentido dentro de una cultura.
En tal sintagma, aparecen uno o dos individuos que representan a guerreros y son conducidos por un cánido a un lugar, donde está un personaje asociado con la luna, un bulto mortuorio o diversos elementos relacionados con el descenso, la caída o espacios antiguos, identificado como el señor del inframundo. Estas imágenes, cuya antigüedad se ubica entre 350-750 d.C., se han hallado en sitios como Huapalcalco, Xihuingo, Dahñé y San Miguel de las Piedras, entre otros.
Torres Rodríguez ha observado cuatro configuraciones principales: un personaje que visita a otro; uno que se encuentra con dos; dos que ven a uno y un par que coincide con otros dos, cuya distribución espacial revela una diferenciación regional. La representación de dos protagonistas que ingresan es más frecuente en las regiones serranas del oriente y el sur del estado, mientras que en el Valle del Mezquital predominan aquellas en las que uno solo se presenta ante a una o dos entidades.
En cuanto a los personajes visitados, los ha organizado en tres complejos iconográficos: Tezcatlipoca-Huémac-Yaotl, integrado por figuras con atributos de guerrero, piel de serpiente o manos amplias; Otontecuhtli-Tlotli-Mictlantecuhtli, representado por un ente sentado, relacionado con la figura divina de los otomíes serranos; y de los ancestros, constituido por parejas de seres antiguos, presentes en la sierra y en el Valle del Mezquital.
Señaló que uno de los aspectos interpretativos relevantes es la relación entre el sintagma y el concepto de gemelidad. Las parejas no constituyen solo una duplicación de entidades, sino que presentan diferencias formales, sexuales, funcionales y simbólicas, las cuales responden a la complementariedad. Así, uno de los hermanos representa el aspecto masculino, bélico, solar y militar, mientras que el otro, lo femenino, el sacrificio, lo lunar y agrícola.
La narrativa de los mellizos enfrentados al señor del mundo de los muertos, dijo, persiste hasta hoy en los rituales terapéuticos del bädi (curandero) otomí del área serrana, quien puede establecer contacto con las fuerzas de esa dimensión, pero requiere una condición de entidad anímica dual o “doble corazón” para interactuar.
“Si no tiene carácter de gemelidad, no puede entrar en contacto con la fuerza del inframundo, porque al final él va a dejar una parte para recuperar, en este caso, la nzahki (gran fuerza), a través del enfrentamiento, el cual, eventualmente, se vuelve una relación de alianza, que también vemos en las pinturas rupestres”, finalizó.
En la clausura del evento, el 11 de septiembre de 2026, la coordinadora nacional de Monumentos Históricos del INAH, Valeria Valero Pié, dijo que el coloquio permitió aproximarse a la muerte, la memoria y los panteones desde perspectivas diferentes y al mismo tiempo complementarias. “Las diferencias entre nuestras disciplinas permiten construir una mirada más amplia sobre un patrimonio que, por su propia naturaleza, es profundamente complejo”.
Por su parte, el director del Centro INAH Hidalgo, Manuel Villarruel Vázquez, mencionó que el evento académico es una muestra del sentimiento de agradecimiento, motivación y emotividad transmitido en las artes vinculadas al contexto funerario, las cuales “probablemente sean las que producen un sentimiento más verídico, profundo y duradero”.
Finalmente, la organizadora del coloquio, Ethel Herrera Moreno, consideró que la actividad cumplió con su objetivo, ya que contribuye a divulgar investigaciones que permitirán una mejor comprensión de la cultura funeraria.




