- Con motivo de los 250 de la independencia de esa nación, Leonardo Curzio Gutiérrez, investigador del CISAN, analiza los valores y defectos de nuestro vecino del norte
“La gran transformación de las 13 colonias británicas de la costa este de América del Norte en un Estado soberano se basó en la igualdad de los seres humanos y, por lo tanto, en el derecho de todos a apropiarse de su futuro. Esta idea poderosísima cambió la historia de la humanidad”, señaló Leonardo Curzio Gutiérrez, del Centro de Investigaciones de América del Norte (CISAN) de la UNAM.
Otros hechos que consolidaron la independencia de Estados Unidos fueron, según el universitario, la discusión de su Constitución (la cual se firmó en 1787), así como la inclusión en ella de la figura del Ejecutivo federal; la doble soberanía, que permite que ésta sea ejercida tanto por el gobierno federal como por los estatales; y la libertad religiosa.
“Asimismo, el asociacionismo, un fenómeno característico de la sociedad estadunidense que consiste en unirse para alcanzar objetivos comunes, como construir una escuela, fundar un museo, crear un parque…, y dos ideas: la del derecho a la felicidad, que implica ver el futuro con esperanza, y la de Estados Unidos como la tierra de las libertades y las oportunidades desempeñaron un papel fundamental en el surgimiento de esta nación”.
“El veneno americano”
Según el investigador, el principal elemento de desviación del proyecto estadunidense es el racismo (el periodista Eduardo Porter lo llama “el veneno americano”).
“La revolución democrática que tuvo lugar en Estados Unidos a finales del siglo XVIII no incluyó, por ejemplo, a la población africana, lo cual originó muchísimos conflictos, entre ellos una guerra civil con la que se buscó sumar, con plenos derechos, a los afrodescendientes al resto de la ciudadanía. En los tiempos que corren, con el presidente Donald Trump, el racismo ha adquirido no diré que carta de naturaleza, pero sí algo muy parecido.”
A decir de Curzio Gutiérrez, el convencimiento de la población en general de que no debe depender del gobierno y la autoidealización son dos elementos más que han debilitado los cimientos de Estados Unidos.
“La primera ha generado un antiestatismo absurdo que pretende deshacer todo lo relacionado con las instituciones controladas por el poder del Ejecutivo. Y la segunda ha dado pie a que los estadunidenses piensen que su país es excepcional, el mejor del mundo… Y esta autoidealización se ha combinado ahora con la victimización que ha aportado Trump, quien afirma que las demás naciones se aprovechan de Estados Unidos, que el orden mundial es un desastre y que lo va a corregir. El resultado de este discurso es que ha anulado tratados comerciales, reglas establecidas, etcétera”.
Derechos y libertad de prensa
Para el investigador, desde 2009, cuando surgió el movimiento del Tea Party, la ideología conservadora ha avanzado en Estados Unidos con pasos firmes y se ha expresado por medio de decisiones de la justicia muy controvertidas y, por supuesto, de decisiones políticas extremadamente agresivas.
“Entre otros, los derechos de las mujeres, en especial el que tiene que ver con el tema del aborto, están bajo presión, y la libertad de expresión libra todos los días una batalla contra la censura y la intolerancia… Como todos los presidentes populistas, Trump considera que todo aquel que elabore una narrativa contraria a la de su gobierno no es un buen patriota y atenta contra Estados Unidos. Y yo digo que, en una sociedad democrática, la prensa tiene que ser un contrapeso del poder. Sin embargo, a él no le agrada esto y encabeza una especie de cruzada para minar la credibilidad, la autoridad y la legitimidad de numerosos medios de comunicación”.
República imperial
Estados Unidos es una república como cualquier otra, pero, al mismo tiempo, como potencia global, tiene una serie de responsabilidades que las demás no. Por eso, el sociólogo francés Raymond Aron le puso el nombre de “república imperial”.
Ahora bien, durante la presente administración trumpista, este país se ha retirado de múltiples organizaciones internacionales y tratados globales, como la Organización Mundial de la Salud, el Acuerdo de París y la Convención Marco de la Organización de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
“Ésta es una posición profundamente tóxica para un sistema internacional que dependía de un actor que ha decidido que ya no le gusta jugar ese juego. En todo caso, creo que hay que celebrar los 250 años de la independencia de esta nación, esperando que reencuentre su esencia”, concluyó Curzio Gutiérrez.



