Lo que no hacen los buenos

Dos caras de la misma moneda

 

Efraín Delgadillo Mejía.

El 3 de enero, en la madrugada, se llevó a cabo una operación relámpago por parte de fuerzas estadounidenses en Venezuela, que terminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. No hubo enfrentamientos importantes ni bajas reportadas. El hecho, de enorme importancia histórica y política, requiere un análisis que no se puede restringir a clasificaciones morales superficiales ni a reflejos ideológicos automáticos.

 

Para preservar el juicio crítico, uno debe ser capaz de juzgar a sus amigos y enemigos con el mismo criterio. De lo contrario, uno podría perderse en los laberintos de la complacencia; eso sería un acto de traición hacia la educación humanista, religiosa y de izquierda de quien esto escribe.

 

Lo que pasó en #Venezuela es una afrenta a la dignidad humana y a la soberanía de los países, además de ser un acto vil perpetrado por una superpotencia ante la cual nadie ha hecho frente.

 

Nosotros hemos criticado a la caricatura de socialismo que representaron #Chávez y #Maduro; es un insulto para la izquierda, tanto como idea como por su historia de confrontación. El saldo es espantoso: más de 20 mil detenidos por motivos políticos, 8 millones de exiliados (30% de la población)  sólo Siria tiene más expatriados. La crisis humanitaria tiene una magnitud  grande. La crisis económica es colosal: actualmente, la economía representa el 30% de lo que era en 2013 y la hiperinflación alcanza el 600%. La economía está devastada; la principal fuente de ingresos es el petróleo y actualmente no producen ni un tercio del crudo que producían durante la bonanza. Además, el 90% de la población vive por debajo del umbral de pobreza.

 

No se trata de justificar una cosa y condenar la otra; el debate no es si los derechos humanos son más importantes que el antiimperialismo.

 

La soberanía nacional es un principio central del pensamiento político humanista desde San Agustín, que vincula la legitimidad política al orden de la justicia en De Civitate Dei, hasta Santo Tomás de Aquino, la comunidad política es entendida como una realidad moral con derecho a gobernarse a sí misma. Tomás de Aquino, en la Summa Theologiae, establece que la guerra solo puede considerarse justa cuando concurren autoridad legítima, causa justa e intención recta. De esta formulación se desprende un principio decisivo: el derrocamiento de un tirano corresponde primariamente al propio cuerpo político y no a una fuerza externa. Es decir a los venezolanos.

 

La detención del jefe de Estado sin enfrentamientos, bajas o reacciones militares relevantes plantea una pregunta : ¿Es posible hablar de soberanía cuando no hay voluntad de defenderla? La soberanía no es una construcción jurídica abstracta, sino un hecho que se manifiesta en individuos dispuestos a mantenerla incluso a riesgo de su vida.

 

La falta de lucha, la apertura de las puertas y la ausencia de defensa del propio jefe del Estado pueden ser comprendidas como un acto soberano negativo: renunciar a existir como sujeto político. Esta lectura no autoriza la intervención de manera automática, pero cambia significativamente el contexto del juicio moral.

 

Es irresponsable desde un punto de vista intelectual reducir esta situación a consignas pacifistas o a respuestas ideológicas. La tradición humanista demanda ser prudente, realista y amar la verdad, aunque esta sea incómoda. Solamente partiendo de ahí se puede esperar un juicio imparcial.

 

 

 

 

 

 

Por el momento, en México, tendremos más deportaciones sin juicio, un incremento de tropas estadounidenses en territorio nacional, agencias del gobierno estadounidense operando libremente, tarifas arancelarias más altas y rechazo a productos de China y de naciones rivales con Estados Unidos. Amigos de la Cuatro Té, les solicitamos que practiquen lo que predican: Cooperación, no subordinación.

 

No estamos de acuerdo con esa parodia de izquierda que infringe los derechos humanos, empobrece a la gente y establece dictaduras, del mismo modo que no aprobamos la existencia de un poder supranacional que invada países.

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