El primero de octubre.
Efraín Delgadillo Mejía.
A lo largo de la crisis generada por la incursión a Venezuela y el posterior rapto de Nicolás Maduro. Numerosos amigos de la otra izquierda expresaron claramente su posición acerca de lo que es importante para ellos. Lamentablemente, citaron frases, libros y canciones que los exponen. Los de la derecha hicieron lo mismo, pero desde hace tiempo no esperábamos nada de ellos.
Se citó reiteradamente un texto al que Eduardo Galeano había renunciado. Galeano expresó con claridad que consideraba que era una «etapa superada» y que su estilo era «retórica gastada». Manifestó que no podría releerlo por su falta de criterio económico más informado y su tono juvenil (lo escribió a los 31 años). Sin embargo, continuaba defendiendo sus ideas fundamentales acerca del saqueo histórico y la dignidad de la región, lo cual demostró una evolución en su pensamiento más allá de las certezas dogmáticas propias de su juventud.
Galeano no dejó de criticar la injusticia en América Latina, aunque fue evolucionando y admitió que Las venas abiertas era un capítulo anterior y que había cambiado personalmente, apreciando más la honradez intelectual que la reiteración de consignas.
Una opinión que me llenó de esperanza desde la izquierda fue la del chileno Rafael Gumucio: «La izquierda que observo en redes piensa al revés: primero el antiimperialismo, luego la soberanía, después la no injerencia, y al final —si queda espacio— las personas. Como si el principio abstracto pesara más que los cuerpos. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas», lamenta.
En México, el debate contra el imperialismo logró a medias lo que los creadores del #NadoSincronizado de los medios no han podido: desviar la atención de los problemas nacionales en #México.
Lo que no lograron fue que todo esto se convirtiera en una respuesta unánime a favor de la presidencia actual o en manifestaciones de nacionalismo que defendieran la soberanía. Esto tiene una explicación que va más allá de las filias y fobias propias de la política e ideología, y se refiere a lo que llamamos las inquietudes del metro cuadrado. Lo que me impacta en mi vida cotidiana.
En México, el periodista Jorge Ramos Pérez, @jorgeramos7773 , editor de “La Silla Rota” y “Recovecos”, recurrentemente sube una publicación con el título “¿Deberíamos preocuparnos?”, donde nos señala temas que van más allá del #NadoSincronizado de la popularidad de los gobernantes en México.
Para fundamentar nuestro optimismo, como diría el clásico, nosotros podemos recordar algunas preocupaciones que no teníamos el primero de octubre de 2024. Aquí una pequeña lista que abona al «¿deberíamos preocuparnos?».
- Donald Trump, en 2026, tendrá lugar en Estados Unidos las elecciones intermedias y Trump intentará restablecer o afianzar la mayoría republicana en las dos cámaras del Congreso; esto vuelve aún más complicado el panorama. Un Trump en «modo campaña» ha empleado frecuentemente el asunto de México como instrumento político para atraer seguidores, ya sea mediante la retórica comercial, la relacionada con las drogas o la migratoria.
- La renegociación del T-MEC. México se verá forzado a realizar concesiones en lo que respecta a seguridad, barreras no arancelarias, contenido regional y contención de China (en comercio e inversión), generando incertidumbre para los inversores y dificultades logísticas y de costos operativos para las compañías mexicanas.
- En la economía, México cerró 2025 como una de las economías de más pobre desempeño de la región latinoamericana. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la CEPAL, la economía mexicana crecerá tan solo un 0,4 %, frente al 2,4 % del promedio de la región. No es una recesión como se pronosticaba en el primer trimestre del año, pero sí un franco estancamiento.
- Las inacabadas leyes, reformas y reglamentos: A lo largo de los primeros 15 meses del gobierno actual, el Diario Oficial de la Federación (DOF) ha publicado y autorizado 48 reformas legales y constitucionales que han sido propuestas por el Poder Ejecutivo. Esta es la fase con mayor cantidad de cambios en los últimos cinco sexenios. De esta manera, será 2026 otro año de transición en lo que respecta a la regulación, debido a que se implementará una amplia gama de reformas y será preciso aprobar y/o dar a conocer leyes secundarias del denominado «Plan C», abarcando cerca del 35% de reglamentos o leyes como la Ley General de Economía Circular o la nueva Ley General de Aguas.
- Conflictividad social. A lo largo de 2025, distintos actores sociales se movilizaron para manifestar su oposición a ciertas decisiones del gobierno y para presentar sus exigencias a las autoridades. Estas movilizaciones se manifestaron a través de bloqueos y cierres de rutas principales (accesos a aeropuertos, carreteras, casetas de cuota, entre otros), así como cruces internacionales y marchas y protestas en varias ciudades. La reacción de #NadoSincronizado fue sencilla y avivó la llama: la descalificación es un juego de los de derecha.
- Crimen organizado. Esta forma de violencia no es solo resultado de las circunstancias políticas, sino que también es una estrategia del crimen organizado para dominar el territorio y obtener beneficios económicos de la población local. Estas entidades buscan instaurar sistemas delictivos locales en los que la actividad económica, la vida política y las dinámicas sociales se encuentran bajo el dominio de sus reglas y objetivos no explícitos, utilizando para esto el amedrentamiento, la cooptación o incluso la eliminación física de figuras políticas.
No hay un solo método de mejora económica, política, social, psicológica o espiritual que no requiera de un análisis sensato de la realidad y de aceptación de problemas, debilidades o retos. Lo contrario es pensamiento mágico; se condena a uno mismo y sus seguidores al fracaso y el escarnio público.
Desde el primero de octubre del 2024 ha corrido mucha agua; debemos aceptarlo, no por ideología, sino por pragmatismo, por ética, por honestidad intelectual. La irrupción de Trump en el 2026 nos recuerda el realismo, el fin del realismo mágico que tanto les gusta a otros.
La serie argentina «Nada» (2023) de Disney Plus, protagonizada por Luis Brandoni y Robert De Niro, ofrece frases memorables sobre la vida, la cocina y Buenos Aires. A mi gusto, tiene una escena que se ajusta a lo que vivimos con el caso de Venezuela y México, las canciones de Silvio Rodríguez y en especial con Eduardo Galeano.
Manuel Tamayo Prats (Luis Brandoni), un hombre de más de 70 años, se encuentra en una reunión y tiene que escuchar al hijo de un amigo repetir lo que ha aprendido en la universidad como si fueran sus propias ideas y estuvieran hechas para recibir aplausos. Lo que pasa es que Manuel expresa lo que piensa sin importar a quién. Por respeto a un padre presente o porque se teme hacer daño, se aconseja expresar lo que nadie se atrevería. «¡Pensá en boludeces propias, por lo menos!». Le dice al joven que termina al borde del llanto.
Hay quienes piensan que lo publicado por Eduardo Galeano en 1971, sigue siendo tan actual como entonces». El propio Galeano había abjurado del texto en la Bienal del Libro de Brasilia en 2014. «No sería capaz de leer el libro de nuevo porque si lo hiciera caería desmayado. Cuando lo escribí no sabía tanto de economía y de política», explicó el autor. Algunos deberían abrirse las venas.





