Lo que no hacen los buenos

La realidad parece asentarse, poco a poco, en la mente de los votantes mexicanos. Mientras la población tendía a aprobar las políticas del expresidente López Obrador, hoy tiende a reprobar las de la presidenta Claudia Sheinbaum. Aunque la magia se mantuvo por algunos años, las leyes naturales comenzaron a imponerse.

El último año de gobierno del expresidente López Obrador fue un gran año. No solo por las victorias electorales, sino también por las tasas de aceptación que tuvo. Si su aprobación en materia económica estaba en un 27% en enero de 2024, para agosto se encontraba en 49%. Y si los apoyos sociales tenían un 48% de aprobación, acabaron con un 75%. Su talón de Aquiles fueron dos políticas públicas: corrupción —pasando de 38% de aprobación a 26%— y seguridad pública —de 18% a 28%—. Su aprobación como presidente pasó de 54% a 68% (encuesta de El Financiero). Pero ¿qué explica esos grandes saltos en tan solo un año? Muy probablemente, más dinero en el bolsillo: el salario mínimo aumentó en un 20% en ambas zonas salariales, y los programas sociales en su conjunto tuvieron un aumento de 21% con, además, algunas entregas anticipadas. El déficit ese año fue de 5,7 % del PIB, el mayor desde, al menos, 1990.

James Carville, el asesor del expresidente Bill Clinton, habrá podido declarar “es la economía, estúpido”, para explicar el principal factor que mueve el voto del electorado estadounidense. Sin embargo, en el caso mexicano aplicaría “es el salario mínimo y los programas sociales, estúpido”. La presente administración continúa aplicando recortes presupuestales mientras aumenta los recursos para programas sociales altamente clientelares. Por ejemplo, la SSPC ha tenido recortes continuos desde al menos 2024: pasó de 102 mmdp a 60 mmdp, siendo los recortes aún mayores en términos reales. Lo mismo podríamos decir de salud, infraestructura, justicia y un largo etcétera. Sin embargo, se han creado más programas sociales en la actual administración; sus recursos continúan aumentando (tuvieron 150 mmdp más este año) y, junto con ellos, han crecido las estructuras para tener mayor control sobre ellos y sus clientelas.

El aumento del salario mínimo y los programas sociales explican en gran parte el éxito de Morena, aunque resulta imposible continuar por el mismo camino.

El desencanto

La popularidad no es un indicativo de calidad y tampoco resuelve las dificultades. Es posible gobernar, jugar al fútbol, actuar en el teatro, cantar en la ópera o torear. No con el propósito de solucionar problemas o demostrar calidad. Sino para obtener el aplauso fácil de la peña.

El filósofo y ensayista colombiano Nicolás Gómez Dávila (1913-1994) afirmaba que «el hombre madura cuando deja de pensar que la política es la solución a sus problemas». Gómez Dávila argumenta que la verdadera madurez intelectual y personal llega cuando el individuo deja de depositar su esperanza en las soluciones colectivas, estatales o políticas para resolver sus dilemas existenciales y problemas personales.

En  México nos encontramos en el camino del desencanto. Siempre nos presumen lo populares que son los gobernantes. Nos hablan poco sobre la perspectiva de los problemas específicos. Analicemos la encuesta de enero de El Financiero, llevada a cabo por el encuestador que muchos consideran como el mejor de México: Alejandro Moreno.

La aprobación de Claudia Sheinbaum, la presidenta, se mantiene en un firme 69%. Eso nos tranquiliza. Se encuentra en la misma situación que cuando empezó su mandato presidencial en octubre de 2024, pero muy lejos del 85% de febrero de 2025. En términos reales, su popularidad no aumenta.

Los asuntos que nos inquietan a los mexicanos están en una mala situación. El respaldo a los programas sociales decrece, la gestión de la economía solo es aprobada ligeramente y la población desaprueba —por mucho— su manejo de la seguridad pública y la corrupción. El autoritarismo se incrementará, especialmente cuando comiencen a observarse los efectos económicos de las reformas políticas.

En cuanto al manejo de la corrupción, las opiniones negativas continúan siendo mayoritarias y representan el 74 por ciento, aunque han disminuido en los últimos cuatro meses. Únicamente el 17 por ciento cree que el gobierno de Sheinbaum está gestionando adecuadamente la corrupción.

Con respecto a la seguridad pública, el 40% de las opiniones son favorables;en este mes, las opiniones negativas representaron el 53 por ciento. Simplemente, la mayoría del país piensa que se está haciendo un mal manejo de la seguridad En lo que respecta a la evaluación contra el crimen organizado, solo un 16% de las opiniones son positivas y un 76% son negativas.

En relación con la gestión que el gobierno realiza de la economía del país, con un 48 por ciento de opiniones positivas y un 46 por ciento negativas. En más de un año, es la primera vez que el porcentaje de opiniones positivas acerca de la economía no alcanza el 50%. Digamos de manera simple que la mitad del país no ve que se hagan bien las cosas en economía.

El 59% de la población mexicana sostenía que la corrupción continuaba en el último día del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Hoy, un 79% de los ciudadanos opina que Claudia Sheinbaum maneja mal el tema de corrupción. Con este panorama, si se le cuestiona al mexicano promedio si prefiere que haya menos representantes plurinominales o que las elecciones sean más económicas. La respuesta, sin duda, debe ser afirmativa.

El profesor Norberto Bobbio nos alerta en su libro «El futuro de la democracia» que, no importa cuán educada esté la sociedad, no tiene capacidad para opinar sobre todos los asuntos. Que ciertos asuntos deben ser reservados para los técnicos.  Que todos opinemos de todo es, como dice el maestro Norberto Bobbio, una “promesa incumplida de la democracia”.

Ahora continuamos con las elevadas tasas de aprobación de los gobernantes. En cambio, en asuntos específicos, los ciudadanos ya no confían; de hecho, la mayoría de ellos los descalifica. Como dijo Nicolás Gómez Dávila, alcanzaremos la madurez cuando dejemos de creer que la política resuelve nuestros problemas.