¿QUÉ HACER DESPUÉS DE UN SISMO?

Con información de la UNAM

  • Mantener la calma es clave para mantenerse a salvo y seguro
  • Después del temblor, revisar nuestra vivienda es tan importante como protegernos durante el movimiento telúrico

En México los sismos son algo cotidiano, en especial en la capital, una de las zonas más vulnerables por su ubicación geológica. Ante ello, la prevención y reacción adecuadas reducen riesgos y salvan vidas, explica Armando Gallegos Suárez, académico de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, quien subraya que lo primero, siempre, es mantener la calma.

“No debemos dejarnos llevar por el pánico. En muchos casos, la gente corre sin zapatos, medio vestida, y eso incrementa los riesgos. Si nos mantenemos tranquilos, pensaremos y actuaremos de mejor manera”.

Durante un temblor, lo recomendable es buscar un sitio seguro dentro de la vivienda, como el cruce de muros o cerca de una columna. En casas de pocos niveles, incluso la azotea es más segura que la calle, donde el tendido eléctrico y fachadas representan un peligro adicional.

Una vez concluido el sismo, el experto en Ingeniería Estructural aconseja seguir estos pasos para evaluar la seguridad del inmueble:

  • Verificar que no haya olor a gas. Si lo hay, es preciso ventilar para que éste se disipe y cerrar la toma para descartar fugas.
  • Si no hay problemas con lo anterior, se deben subir los interruptores de la electricidad para verificar que ésta funcione adecuadamente.
  • Buscar daños estructurales: grietas en muros o trabes con inclinación de 45 grados pueden ser señal de una falla importante. Si el inmueble tiene dos pisos o más, sólo una vez revisada la planta baja es factible inspeccionar los demás niveles.
  • Revisar que el mobiliario (libreros, cómodas, mesas, sillas) esté sujeto para evitar percances por alguna caída u obstruir el paso.
  • Si la estructura está en buenas condiciones, se puede regresar a ella. En caso de daños, es preciso solicitar ayuda a Protección Civil.

“Esas fisuras a 45 grados son un indicio de que un elemento de la estructura está comprometido. Ello no significa que todo el edificio esté en riesgo, pero sí es señal de que debe revisarse por un especialista”.

Aunque se suele pensar en colapsos, Gallegos Suárez destaca que, dentro de la vivienda, los principales riesgos son los objetos mal asegurados. “La caída de libreros, televisores o el estallido de ventanas pueden ocasionar lesiones serias. Muchas veces el peligro está en esos elementos no estructurales, más que en la propia construcción”, advierte.

Por ello, es necesario fijar los muebles pesados, evitar colocar objetos inestables en repisas y alejarse de vidrios y cristales durante un temblor.

¿Cuándo pedir ayuda?

A decir de Armando Gallegos, si hay daños visibles, desplomes parciales o dudas sobre la seguridad de la estructura, debe solicitarse una revisión experta. Entidades como la Protección Civil local o el Instituto para la Seguridad de las Construcciones realizan valoraciones gratuitas.

Además, los colegios de ingenieros y universidades suelen organizar brigadas técnicas para evaluar edificaciones en distintas zonas. “Existen muchos inmuebles dañados que la gente sigue habitando. Eso es peligroso. Si hay evidencia de grietas o un desplome, aunque sea menor, se debe solicitar una inspección”, advierte el especialista.

Prepararse antes

Prevenir es algo permanente. Vivir en una zona sísmica implica revisar la vivienda de forma periódica; identificar elementos estructurales; diseñar un plan de acción; elaborar un plano del hogar para ubicar zonas seguras, llaves de paso del gas e interruptores de electricidad, así como tener un kit de emergencia con medicinas, agua y documentos personales.

También es vital participar en simulacros y ensayar rutas de evacuación seguras, no usar pasillos saturados y evitar los elevadores, pues estos se bloquean durante los sismos. “Las escaleras, si están mal diseñadas, concentran mucha energía sísmica y pueden ser un punto de riesgo. Por ello, hay que descender de ellas con calma y sin empujones”, apunta el universitario, evocando el colapso del Hotel Regis en 1985.

Más que temer a los sismos —subraya Gallegos Suárez— se trata de aprender a convivir con ellos. “Siempre digo a mis alumnos: sientan el movimiento. No se puede disfrutar, pero sí observar cómo se mueve la estructura, cómo responde el edificio. Eso nos ayuda a entender que esta ciudad es sísmica y que debemos estar preparados”. La calma salva vidas, la prevención protege hogares y la revisión técnica asegura el futuro de nuestras construcciones, concluye.

Créditos a la UNAM.

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