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¿SE NOS VIENE UN SUPER-EL NIÑO CON EVENTOS AMBIENTALES EXTREMOS?

Con información de la UNAM.

En un contexto de calentamiento global acelerado, las condiciones atmosféricas ya no responden a los patrones del pasado; sus efectos pueden presentarse en regiones distintas con características variadas: Francisco Estrada Porrúa, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático

Los pronósticos realizados por los servicios internacionales de clima, así como la estimación europea, mencionaron que de acuerdo con sus modelos climáticos se tendrá en 2026-2027, posiblemente, un fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) de proporciones históricas. Un super-El Niño, así de contundente fue Francisco Estrada Porrúa, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático (PINCC) de la UNAM. (consultar estudio https://dashboard.theclimatebrink.com/#enso).

El especialista explicó que el evento del ENOS se encuentra en una fase neutra, luego de que recientemente concluyera el fenómeno de La Niña. Sin embargo, se prevé que en los próximos meses evolucione hacia condiciones de El Niño y en caso de intensificarse alcanzaría su punto máximo entre septiembre y octubre.

Detalló que los pronósticos actuales sugieren la posibilidad de un evento de El Niño parecido a los más intensos de la historia desde que existen las mediciones que son las de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 o posiblemente mayor que estos. “Hay un elemento que se conoce como la barrera de predictibilidad de la primavera, donde los pronósticos tienen muchísima más incertidumbre”, estableció que cuando pase esta estación se va a tener una visión mucho más clara de qué pasará en los próximos meses.

En este sentido, aclaró que tener mayor incertidumbre no es igual a no saber. “Hay que tomar en cuenta esta información porque tenemos que prepararnos. Lo altísimamente probable es tener un fenómeno de El Niño con intensidad de moderada a alta, si uno quiere quedarse en el lado más optimista; pero, lo cierto es que probablemente pudiera ser un evento histórico”.

El también investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) de la UNAM recordó que el ENOS es un patrón climático natural y recurrente en el Pacífico tropical, caracterizado por la interacción océano-atmósfera. Alterna entre una fase cálida (El Niño), que calienta el Pacífico oriental, y una fría (La Niña), impactando globalmente la temperatura, precipitaciones, sucesos extremos y diversas actividades productivas como la agricultura.

El doctor en Economía Ambiental por la Universidad Libre de Ámsterdam señaló que este pronóstico nos obliga a tener en cuenta que en la actualidad el planeta se ha calentado alrededor de 1.46 grados centígrados con respecto al periodo preindustrial, por lo que el sistema climático ya no es como lo conocíamos.

Mencionó que hay estudios científicos en el sentido de que rebasar o alcanzar 1.5 grados en el aumento de la temperatura global con respecto al periodo preindustrial puede desencadenar riesgos muy importantes para sistemas naturales y humanos, “uno de ellos es cómo interactúa la variabilidad natural en un mundo ya más caliente. Según el Acuerdo de París, ese 1.5 grados “no se iba a rebasar durante este siglo, pero ya estamos prácticamente ahí”.

Cambios en el mapa

Francisco Estrada evocó que en 2025 publicó (con otros colegas) un artículo en el que describe eventos extremos de temperaturas muy altas y precipitaciones muy severas. “Y lo que encontramos es que el cambio climático ya ha cambiado las teleconexiones del ENOS; es decir, ha cambiado cómo se ve en el mapa, dónde van a ocurrir, la probabilidad de ocurrencia y muchas veces la intensidad”.

Ante ello, sostuvo que, por un lado, el ENOS expondrá a extremos más intensos y probables, al tiempo que el cambio climático está modificando la forma en que estos fenómenos se distribuyen.

El coordinador del PINCC adelantó que cuando ocurre un evento severo del ENOS, “que nos puede aumentar la temperatura global ese año. Es muy probable que el 2027 este efecto sea mayor que en 2026 y que pudiera contribuir, temporalmente, a un calentamiento adicional de hasta +0.3 grados centígrados en la temperatura global. Estamos por vivir en el 2026-2027 temperaturas que estén muy cercanas al nivel global de 1.8 grados por encima de su valor preindustrial”.

Ante esta probabilidad, expuso que nos debe poner en alerta de que este sistema ya alterado con la variabilidad propia, “nos puede empujar a unos niveles de calentamiento extremos y de pérdidas en la economía, en la agricultura, así como mayores problemas para manejar el agua de los que estamos acostumbrados. Estamos abriendo brecha. Es un nuevo momento en el sistema climático”.

Asimismo, sobre la sinergia entre el calentamiento antropogénico y el ENOS, y por qué esta combinación podría intensificarse, manifestó que existen diversos factores que varían según la región y el tipo de fenómeno.

“Por ejemplo, una atmósfera más cálida puede contener una mayor cantidad de vapor de agua. Esto implica que, cuando ocurre un evento extremo de precipitación, hay más agua disponible para precipitarse que en un escenario sin cambio climático”.

Estrada Porrúa afirmó que esta mayor disponibilidad de humedad en la atmósfera favorece que los fenómenos de lluvia extrema sean más intensos. “A ello se suman las interacciones entre el suelo y la atmósfera, que pueden agravar fenómenos como las sequías. Así, condiciones tradicionalmente asociadas a El Niño, como periodos secos, pueden intensificarse”.

Declaró que un ejemplo de estas dinámicas se ha observado en California, donde periodos de lluvias intensas son seguidos por una rápida pérdida de humedad en el suelo debido a una atmósfera más cálida, lo que genera condiciones propicias para incendios forestales.

Lugares inesperados

El especialista subrayó que los fenómenos extremos no sólo pueden volverse más frecuentes, sino también presentarse en lugares o momentos inesperados. En el caso de México, acotó que los estudios han indicado históricamente que un evento fuerte de El Niño se asocia con menores precipitaciones y mayor sequía. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que, durante el verano, un episodio intenso podría incrementar la probabilidad de lluvias extremas en algunas regiones del país.

En el caso del océano Pacífico, alertó, se espera mayor actividad de tormentas tropicales y posibles fenómenos de intensificación rápida de huracanes, donde las temperaturas del océano frente a California y Baja California se encuentran extraordinariamente elevadas. “Si estas condiciones se mantienen hacia el inicio de la temporada de huracanes, en junio, podría tratarse de un escenario preocupante, ya que es del calor del océano la energía de los huracanes para fortalecerse”.

Zonas vulnerables en México

Las regiones de la nación más vulnerables son la costa del Pacífico, con la presencia de más huracanes y de mayor intensidad, añadió que existe la posibilidad de intensificación rápida de estos eventos por lo que se debe estar preparado.

Expuso que en general, un El Niño más fuerte está asociado con sequías, lo que puede tener implicaciones importantes en diversas actividades productivas como la agricultura, recordó que en un estudio que se realizó en 2025 con colegas del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas de Morelia, hicieron una evaluación de cuánto nos cuesta cada sequía y son alrededor de 27 mil millones de dólares.

Consideró relevante advertir que ENOS ha cambiado como resultado del calentamiento global, por lo que los patrones históricos utilizados para anticipar sus efectos podrían ya no ser del todo confiables.

En este contexto, advirtió que, si El Niño se presenta durante el verano, existe ahora una mayor probabilidad de que en la región centro-norte de México se registren precipitaciones extremas de gran intensidad, superando lo que se esperaba con base en los registros anteriores.

El investigador resaltó que la interacción entre el calentamiento global de origen antropogénico y fenómenos naturales como ENOS amplifica aún más estos efectos, no sólo en su intensidad, sino también al modificar los patrones de ocurrencia en distintas regiones del planeta.

Comentó que uno de los efectos más relevantes es el desplazamiento de los patrones climáticos tradicionales. Es decir, eventos que antes se esperaban en ciertas regiones pueden presentarse ahora en otras latitudes.

“Pensábamos, por ejemplo, que en el norte del país habría sequía, pero existe evidencia de que estos patrones están cambiando. Lo mismo ocurre con las precipitaciones extremas, que pueden presentarse en lugares distintos a los previstos”.

Hizo hincapié que existe un riesgo en la preparación basada en registros históricos, ya que el calentamiento global está modificando los patrones del ENOS, por lo que sus efectos pueden presentarse en otras regiones o con características distintas.

Reconoció que lo fundamental es entender que el clima que estamos viviendo es cambiante, y que nuestros riesgos no sólo están aumentando, sino también

modificándose. En ese sentido, destacó la necesidad de fortalecer la investigación en cambio climático y variabilidad climática como base para enfrentar estos desafíos. Para finalizar, el experto planteó un mensaje de esperanza, ya que a partir de la colaboración con el gobierno de México en estudios recientes y en el desarrollo del Plan Nacional de Adaptación, se ha comenzado a replantear el enfoque tradicional con el que se aborda el problema.

Créditos a la UNAM