Poder Ciudadano
Enero de 2026 llegó sin pedir permiso y bastante movido, con tremendo temblor matutino. La ciudad sigue igual de intensa, el tráfico no afloja y el café sigue siendo indispensable.
Pero entre el ruido cotidiano hay una pregunta que vale la pena hacerse sin drama ni poses: ¿cómo volvemos a encontrarnos como comunidad?
En la Ciudad de México vivimos rápido. Corremos al Metro, esquivamos baches, sobrevivimos al caos y aun así nos damos tiempo para avisar que ya llegó el gas o para ayudar a alguien a subir una carriola. Esa mezcla rara de prisa y solidaridad es lo mejor que tenemos. Si queremos una mejor comunidad este año, no hay que inventar nada extraño: hay que ordenar lo que ya somos.
Primero, dejemos de esperar al “alguien”. La comunidad no empieza con un programa ni con una obra; empieza cuando el vecino deja de ser invisible. Conocernos por nombre, usar el chat vecinal para algo más que quejas, ponernos de acuerdo para cuidar la cuadra, la casa, el edificio, o el parque. Es básico. Y justo por eso funciona.
Segundo, reapropiarnos de los espacios. La calle es nuestra sala común. Un parque limpio, una cancha con luz, una banqueta caminable valen más que mil discursos. Cuando el espacio se usa, se cuida; cuando se cuida, se vuelve seguro; y cuando es seguro, la gente se queda. La comunidad no se decreta: se habita.
Tercero, participación sin desidia ni flojera. No todo es ir a reuniones eternas. Participar también es opinar con respeto, cumplir acuerdos y dar seguimiento. Es exigir, sí, pero también proponer. Criticar sin involucrarse es cómodo; construir es el camino largo pero vale la pena.
Cuarto, economía de barrio. Comprar en la tienda de la esquina, contratar a quien vive cerca, apoyar cooperativas y negocios locales. El dinero que se queda en la colonia fortalece relaciones y genera confianza. La comunidad también se construye pagando lo justo y sin pedir fiado.
Quinto, reglas claras. La convivencia mejora cuando hay acuerdos y se cumplen: sacar la basura a la hora correcta, respetar el espacio del otro, cuidar el ruido. La ley importa, pero la cultura cívica más. No se trata de vigilarnos, sino de cuidarnos.
Sexto, jóvenes, mujeres y adultos mayores al centro. Cuando participan, la comunidad se mueve. Escucharlos no es concesión, es inteligencia. Si no caben, la comunidad no funciona.
Y séptimo, lo que sostiene todo: la confianza. No la ciega, la que se construye con hechos pequeños y constantes. Es el pegamento social: sin ella, todo se desmorona; con ella, todo avanza.
2026 ya empezó, y de qué forma, uno de esos temblores con alerta sísmica y estreno de alerta en el teléfono celular. Si esperamos a que “algo” pase, nos va a agarrar igual. Si empezamos hoy, barrio por barrio y cuadra por cuadra, la ciudad cambia. La CDMX ya sabe hacerlo. Solo hay que volver a creer en lo más poderoso que tenemos: nosotros mismos. Y sí, con café, paciencia y sentido del humor. Porque aquí, así se hace comunidad. Ejerzamos el Poder Ciudadano.
X: @floresaquino
Fb: Juan Carlos Flores (fan page con el puño levantado)





