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viernes, mayo 15, 2026
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AJOLOTIZACIÓN DEMORADA

Poder Ciudadano

 

Autor: Juan. Carlos Flores Aquino

El ajolote, es un anfibio con aspecto único, mide entre 15 y 20 centímetros y algunos pueden llegar hasta los 30. Tiene unos ojitos muy característicos, sin párpados, y una boca que simula una sonrisa permanente.

En estado silvestre, su color es marrón oscuro o negro moteado, con variantes rosadas y albinas, más comunes en cautiverio, debido a la cría selectiva.

Se encuentre en peligro de extinción, y una de las causas, es por la reducción extrema de humedales y de los canales de Xochimilco, por el aumento desproporcionado en la mancha urbana en todo el Valle de México, ya saben, el cartel inmobiliario que ahora es la hidra inmobiliaria.

Este animalito, posee raíces profundas en nuestra identidad. Su nombre proviene del náhuatl, axolotl, que significa “monstruo de agua” y está vinculado al dios mexica Xólotl, hermano gemelo de Quetzalcóatl, quien se transformó en este anfibio para evitar ser sacrificado.

Tan único es, que ahora es imagen de los billetes de 50 pesos (sí, esos que guardábamos cuando empezamos a salir por lo bonitos que estaban) y fue galardonado a nivel internacional como el “billete del año” debido a su belleza estética. Se observa en el reverso, dedicado al ecosistema de ríos y lagos de Xochimilco, destacando la figura del ajolote junto a canales, chinampas y árboles de ahuejote.

Pero no para ahí. Para la comunidad científica del mundo, el ajolote representa uno de los modelos biológicos más importantes del planeta, estudiando su genoma con el fin de descifrar los mecanismos biológicos de la regeneración de tejidos, lo que podría aportar avances históricos para la medicina humana.

De ese tamaño es el ajolote.

Quizás por todo esto, a alguien se le ocurrió en el gobierno de Clara Brugada, la brillante idea de ajolotizar la capital (como si hiciera falta después de estar en el billete de 50 pesos más bonito del mundo) para “educarnos” y saber más sobre la identidad mexicana de este anfibio.

Casi casi como si junto al águila devorando una serpiente sobre un nopal, estaría un ajolote en el lago de Texcoco.

Y, no hubiera mal, si existiera un manual de identidad en la comunicación institucional del Gobierno de la Ciudad de México. O, si existiera una ruta de que es lo que se iba a realizar -con el dinero de nuestros impuestos- de mejoramiento en la imagen urbana.

Es decir, pintar ajolotitos por toda la ciudad es un buen detalle, pero no es lo que más le urge a nuestra capital.

Y lo peor, qué, sin explicación alguna, se decidió al mismo tiempo pintar puentes peatonales, barandales, desniveles, y todo lo que se pusiera enfrente, de un color que parece lila.

La Jefa de Gobierno preguntó esta semana ¿por qué no les gusta el color morado? Y argumentó sus razones.

Las respuestas, inundaron con miles de memes las redes sociales, unos muy divertidos, haciendo referencia a la ajolotización, al rayo brugadizador, y al intento de morado, que hay ya en casi todo el mobiliario urbano de la ciudad.

Me vino a la mente el uniforme color guinda de miles de trabajadores en la ciudad, ese que generó que hubiera atropellados por no distinguirse en la noche, y que obligó a comprar miles de chalecos de color verde fosforecente.

Hasta la fecha no sabemos de quién fue ese gran negocio.

La comunicación, sigue siendo el gran talón de Aquiles en la 4T.

X: @floresaquino
Fb: Juan Carlos Flores (fan page con el puño levantado)