Poder Ciudadano
Autor: Juan Carlos Flores Aquino
El oficio de los boleadores (lustradores) y reparadores de calzado, es una de las tradiciones más antiguas y vigentes en la Ciudad de México.
Aunque a menudo pasa desapercibido, su impacto es social, vecinal, cultural, ambiental, y tiene dimensiones económicas, lo que los convierten en un pilar fundamental de la comunidad.
Platicando con Margarito, conocido en las redes sociales como el Rey de las Boleadas, pude constatar la calidad en el trabajo del maestro, que lo diferencía de otros boleadores, y que lo ameniza entre plática, risas y conversaciones con su camarógrafo. El magazo, es ampliamente conocido en el TikTok.
Otro caso de éxito es la reparadora de calzado El Cometa. Pudimos platicar con su voz oficial, Alfonso, quien siguió el oficio de su abuelo en la Magdalena Contreras.
Hace unos años, su hijo, Leonardo, le propuso llevar a las redes sociales el trabajo que realizan.
El resultado ha sido fenomenal: cientos de miles de seguidores, que hicieron que el negocio de Alfonso, pasara de 5 empleados a más de 25.
Todo gracias a la calidad de su trabajo, pero sin duda al gran tino que tuvieron en difundir su arte a través de las redes sociales.
En una época dominada por la cultura del «usar y tirar» (fast fashion), los reparadores de calzado son héroes ambientalistas y de la economía del hogar.
Al arreglar una suela desgastada, cambiar un tacón o coser una costura abierta, evitan que miles de zapatos terminen en la basura, donde materiales como el plástico y el cuero tratado, tardan décadas en degradarse.
La reparación de calzado es un arte que se transmite de generación en generación. Conocer el comportamiento de diferentes tipos de pieles, saber qué tintes usar, y dominar el calzado a mano, exige una destreza técnica que no puede ser replicada por máquinas.
Igualmente los boleadores, son un elemento vivo del paisaje urbano. Sus icónicos sillones elevados y el sonido del trapo sacando brillo, forman parte de la identidad de plazas, edificios públicos y avenidas. El puesto del boleador funciona históricamente como un ágora pública.
Mientras se lustran los zapatos, se debate sobre política, deportes o la vida cotidiana.
En el caso del Magazo y su camarógrafo, eso lo llevan de manera magnífica a las redes sociales.
El calzado es una carta de presentación crucial. Unos zapatos limpios y bien cuidados proyectan profesionalismo, atención al detalle y respeto por uno mismo y por los demás.
El proceso de boleado no solo limpia; nutre la piel del zapato, evita que se reseque y agriete, y le devuelve el brillo original.
Este sector representa el sustento de miles de familias. Al apoyar a los boleadores y zapateros locales, se fomenta el comercio de barrio y la economía local directa, asegurando ingresos para un sector de trabajadores independientes que, con orgullo y esfuerzo, mantienen viva una profesión digna y honesta.
En conclusión, el trabajo de los boleadores y reparadores de calzado va mucho más allá del cuidado estético. Es un acto de resistencia ambiental, un salvavidas para la economía del hogar y un patrimonio cultural intangible, que mantiene nuestras calles llenas de historia, dignidad y paso firme.
x: @floresaquino
FB: Juan Carlos Flores (fan page con el puño levantado)


