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ELEGIA POR CUAUHTÉMOC CÁRDENAS

 

Colaboración Especial
Marco Rascón.

Cuauhtémoc Cárdenas fue un estadista, sin haber presidido al Estado Mexicano.

Cuauhtémoc siempre habló como el Presidente que los mexicanos necesitabamos.

Nunca amenazó, nunca insulto a nadie, nunca puso motes, ni practicó ridiculizar a sus oponentes.

Enmedio del México agitado y convulso del final del nacionalismo revolucionario, Cárdenas buscó dentro del legado de los principios de la Revolución Mexicana, la opción democrática; una unidad nacional no autoritaria, demagogica, ni al servicio de una oligarquía decadente.

Su pacifismo daba miedo.

Sus formas civilizadas generaban desconfianza al no llamar a tomar palacios, ni destruir instituciones.

Su lenguaje parco, preciso, tenía una sabiduría campesina, que desconcertaba a los latifundistas de la palabra.
Cárdenas buscó que la primavera de 1988 no acabará en frustraciones, masacres o apatía frente a la posibilidad de Los cambios.

El fijar objetivos claros, para él, era el mejor remedio contra el pesimismo, que prefiere vivir de las derrotas y no puede reconocer avances.

Cuauhtémoc Cárdenas enseñó civismo y civilismo, diálogo, reflexión, pensamiento crítico, argumento sin adjetivos.

Su capacidad de escuchar heredado de su padre, lo hizo un hombre sabio, que buscaba poner el tema del futuro de la nación en la perspectiva de la conciencia ciudadana.

Cuauhtémoc Cárdenas nunca aceptó ser «líder moral» y comportarse como caudillo. Creyó que cada ciudadano, cada persona, debía ser responsable no solo de su vida privada, sino también de sus responsabilidades públicas y que la conducción y la realidad presente y futura, era responsabilidad de todos.

¡Qué cada quién se ponga sus zapatos y se haga responsable de sus convicciones! -decía-
Él se ciño a ese principio y siempre actuó anteponiendo los intereses nacionales, sobre los personales.

Cárdenas vivió insultos, campañas de odio organizadas en secreto.
Llegaron desde el día que decidió actuar bajo sus convicciones y principios en 1987 en la Corriente Democrática, por el rompimiento con el régimen; luego por la convocatoria para formar un partido, un arma política que unificó a cientos de fuerzas, liderazgos, causas, historias, visiones e imaginarios. Traiciones, insultos y amenazas, durante sus tres campañas presidenciales y para la cuarta, la gran traición para destruir su obra, pues a los intereses globales y oligarquicos, era necesario destruir cualquier alternativa que significará un cambio real en lo político, lo económico y lo social.

La traición interna, aliada con el poder establecido, se consolidó a partir del 2000 e hizo de lo construido, el huevo de la serpiente.

Frente a todo eso, Cárdenas se mantuvo firme, asedido, pero distante.

Fue insultado en las plazas, bajo acusaciones de debilidad y falta de radicalidad. Se le acuso de envidioso, ambicioso y por ser reconocida su gran estatura de político, al ser nombrado coordinador de los Festejos del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución.

Fue usado como enemigo de la lucha por el poder, por los que ahora necesitan un enemigo en turno para poder existir.

Respetando procesos y representaciones populares, mantuvo su distancia y su crítica al nuevo régimen de la restauración y el retroceso.
Para Cárdenas, conflictos y falta de reformas y objetivos eran incomprensibles a nombre de un supuesto revolucionarismo vacío de contenido.

Dijo desconocer, que era eso de la 4a Transformación.

Contra eso, Cárdenas mantuvo el diálogo, escribió, propuso y participó en cuanto foro fue invitado.
En este tiempo donde la debilidad del gobierno resulta preocupante; donde las presiones externas se acrecientan ante la falta de una política exterior e interna clara y consistente, el fallecimiento de Cuauhtemoc Cárdenas, deja un profundo vacío, pero también un legado de ideas para combatir y
reconstruir el país desde el progresismo, la justicia social y la democracia.

Más allá de los homenajes, Cuauhtemoc Cárdenas es pensamiento vivo y activo.

Es pensamiento para las causas sociales y democráticas, para reformar y construir desde la crisis actual, las bases de la República Democrática que nació en 1810.

Hemos tocado fondo y hoy todos debemos hacernos responsables de nuestra nación.