Al INE le bastaron dos semanas para entender que un árbitro electoral no puede vestirse con los colores del gobierno: dejó el lila y se pasó al gris. En el IECM, en cambio, la campaña morada sigue tan campante, mientras Clara Brugada tiñe de ese mismo color su imagen en la capital.
La pregunta para Patricia Avendaño es sencilla: si el INE ya vio el problema, ¿qué espera el IECM para mirarse al espejo? Porque de tanto combinar con el gobierno, el árbitro corre el riesgo de parecer parte de la porra.





