“El Hijo del Camionero”
“Ante las expectativas de dotar de empleo decente y bien remunerado a 1,000 millones de jóvenes: ¿están incluidos los jóvenes de México?”
Por: Dr. Mario Rodolfo Cid de León Carraro
Presidente de la Junta de Enlace Ciudadano, para el
Análisis de Temas Económicos y Sociales de
México y Nezahualcóyotl
@MRODOLFO_CID
Esta es la publicación número 140 de “El Hijo del Camionero”, donde siempre se ha buscado divulgar temas de frontera, que resultan fundamentales para nuestra vida, aunque en la mayoría de las ocasiones, nos parezcan ajena o solo asuntos de políticos que no tienen que ver con nosotros.
Prácticamente todos los temas estructurales en los que está inmerso México, nos impactan de manera directa en nuestra vida, aunque no lo parezca, así como las medidas que el gobierno adopta a partir de recomendaciones o propuestas de las agencias multilaterales. En esta parte hay que establecer que la mayor parte de las acciones que toma el gobierno del país, están en función de los trabajos de dichas agencias multilaterales, tal es el caso del Banco Mundial, que en los últimos años ha trabajado en realizar propuestas para mitigar la pobreza y ampliar los alcances del trabajo decente.
Respecto a esta situación, el Banco Mundial aporta datos y balances que permiten analizar la situación actual de nuestro entorno: en los próximos 10 años el mundo está enfrentando un aumento demográfico histórico y finanzas públicas de los distintos países cada vez más estrechas, lo que significa que cada vez somos más y cada vez el dinero público para atender nuestras necesidades es menos; en este lapso, más de mil millones de muchachos, que habitan en países como el nuestro y en vías de desarrollo, tendrán edad laboral, lo que implica contestar la siguiente pregunta: ¿los gobiernos y nuestras sociedades, tendrán la capacidad de garantizarles los ingresos, la estabilidad y la expectativa de una vida mejor en todos los sentidos, que solamente un empleo decente puede proporcionar?
Enfrentamos una realidad cruda, las expectativas de creación de nuevos empleos bien remunerados son bajas, y son imputables a la inestabilidad económica generada por los conflictos militares de carácter global que hoy enfrenta la sociedad mundial; el financiamiento de estos conflictos, los sobre costos que generan por el incremento de las materias primas y los alimentos, los malos resultados de políticas sociales malas, y el endeudamiento que todo esto implica para enfrentarlos, hace que los gobiernos operen con un margen fiscal muy reducido, que genera a su vez, crecimiento desigual, donde las exigencias presupuestales para generar obra pública, además de servicios como salud, educación y seguridad pública siguen en aumento; la existencia de recursos presupuestales, ni de lejos tiene el tamaño para costear las necesidades de estos mil millones de jóvenes.
México al igual que los demás países, no está en condiciones de enfrentar solo la situación, donde ningún modelo económico basado exclusivamente en gasto púbico, sacará adelante la situación.
Los países deben lograr generar empleos en grandes magnitudes, consiguiendo que los beneficios sobre pasen sus fronteras, propiciando crecimiento más sólido, cadenas de suministro más fuertes y resistentes y una mayor estabilidad. Si se falla en el esfuerzo, las consecuencias también traspasarán los límites nacionales, a través de la reducción del crecimiento del PIB mundial, el aumento de las presiones migratorias y la intensificación de la fragilidad social, generando mayores volúmenes de violencia y crimen.
Es claro que en lo individual los países, ni en su conjunto, están haciendo lo necesario para cambiar la realidad a un escenario que nos permita como sociedades enfrentar el reto de enfrentar exitosamente la presión demográfica, convirtiendo dicho reto, no en oportunidades, sino en realidades de desarrollo.
Hay una afirmación del Banco Mundial, que al que escribe estas líneas, le deja claro que es la única manera de evaluar objetivamente los logros de cualquier gobierno, independientemente su orientación y signo político: “el desarrollo debe evaluarse por los resultados obtenidos, es decir, los empleos creados, el aumento de los ingresos, el alivio de la pobreza y la ampliación de las oportunidades”. Es evidente que en México, los 7 gobiernos de la normalidad democrática, nos quedan a deber y mucho.
El mencionado enfoque de evaluación, se basa en tres importantes rubros:
- El monto de inversión en infraestructura, tanto física como humana.
- Capacidad de crear un entorno empresarial en el que las empresas puedan operar y crecer.
- Posibilidad de movilizar capital privado a escala masiva.
Para lograr estos rubros, es necesario generar las condiciones normativas y regulatorias que permiten a las empresas iniciar actividades, operar, expandirse evidentemente contratar personal, sin que los gobiernos pierdan capacidad de maniobra, autonomía e incluso soberanía sobre sus propias determinaciones, ello debido a que hay empresas que en estructura y capacidad económica, son más grandes que muchos gobiernos.
Debe existir un entorno seguro para los negocios como una realidad tangible, debe existir seguridad jurídica económica para que desde una familia, hasta el gran capitalista pueda invertir con certeza y generar los empleos que tanto se necesitan para atender a esos mil millones de jóvenes; todo esto significa contar con reglas claras, con regulación previsible, con contratos que se cumplen, con permisos que se obtienen a tiempo, con sistemas tributarios que son comprensibles y con sistemas financieros que canalizan el capital hacia proyectos productivos, a su vez, la sociedad debe tener certeza y claridad que en los puestos de trabajo que se generen, se respetan los derechos laborales, que existen esquemas claros de desarrollo y crecimiento y sobre todo de estabilidad que permitan construir un patrimonio. La incertidumbre regulatoria no es solo un obstáculo para el crecimiento; también es un factor que inhibe la inversión.
Es importante establecer que cualquier gobierno de cualquier país, como entidad, es el principal generador de empleo cuando opera con la normalidad debida, no obstante por conjunto de sectores, es el Sector Privado, quien más empleos genera y por tanto, deben existir los mecanismos que ofrezcan certeza para que los agentes privados inviertan, generando empleo, pero tomando las medidas necesarias para evitar generen un poder sustantivo que los ponga por encima de la ley; por esto, el gobierno genera un entorno propicio, el que a su vez es un multiplicador de fuerzas, convierte los insumos en empresas que crecen y personas que trabajan.
Para las microempresa y pequeñas empresas, es necesario establecer trámites más sencillos, evitando burocracia y acceso a instrumentos financieros sencillos, que les permitan sobrepasar el nivel de subsistencia y ya en un estado de crecimiento, deben otorgárseles permisos simplificados, impuestos predecibles, derechos claros sobre la tierra y acceso a capital de trabajo.
Para las empresas más grandes, esto implica marcos de competencia que mantengan abiertos los mercados, sistemas de adquisiciones transparentes y procesos comerciales y aduaneros que permitan la integración en las cadenas de valor globales.
En todos los casos, lo básico es lo más importante: estabilidad macroeconómica, previsibilidad regulatoria e instituciones que funcionen de manera coherente; sin estos elementos, las empresas seguirán siendo pequeñas, informales e incapaces de crear empleos a gran escala, tal cual sigue ocurriendo en México. “La lección es sencilla: la inversión viene de la mano de la previsibilidad”
Suecia es un ejemplo claro, un gobierno con instituciones eficientes y que generan confianza, las que respaldan la emisión de reglas claras, una administración pública eficiente y un entorno empresarial que reduce las fricciones y garantiza la igualdad de oportunidades para toda la población son elementos fundamentales para el crecimiento. Aquí hay un caso claro de que cuando un gobierno reduce la incertidumbre y mejoran la implementación, allanan el camino para que las empresas puedan invertir, expandirse y contratar personal.
En numerosas economías en desarrollo, incluida la mexicana, la principal limitación no es solo el acceso al financiamiento; es también la falta de certeza regulatoria y capacidad de implementación, factores que permiten que el financiamiento se convierta en inversión, y la inversión en empleo.
Algunos organismos multilaterales, tal es el caso del Banco Mundial, genera “banco de conocimientos” en los que se reúnen incontables años de experiencia sobre qué funciona y qué no, lo que permite el financiamiento en programas coherentes centrados en la creación de empleo y el alivio de la pobreza, con el fin de construir sistemas que permitan a las empresas crecer con el tiempo.
El aumento demográfico que se avecina no se puede enfrentar únicamente con presupuestos públicos y tampoco puede abordarse con enfoques fragmentados, los agentes tienen que converger en torno a un interés común y centrado en resultados, lo que significa construir infraestructura, pero también implica crear los entornos regulatorios que permiten que las empresas prosperen, significa utilizar los escasos recursos públicos para reducir el riesgo y atraer capital privado y significa medir el éxito no por los compromisos asumidos, sino por los empleos creados, esto último no ocurre en México, ya es hora de que hagamos que ocurra.
En México necesitamos romper la inercia, no podemos darnos el lujo de enfrentar una tercera década perdida en un espacio menos a un siglo, tenemos que trabajar para que la década del 2031 al 2040, sea la década de las oportunidades que tanta falta hacen, en la que los jóvenes encuentren trabajo productivo, las economías crezcan y la estabilidad se fortalezca, así mismo los demás países del orbe deberán realizar su parte, de lo contrario las consecuencias se sentirán mucho más allá de los límites de cualquier país: pobreza rampante, migración desordenada, pérdida de control por parte de los gobiernos y violencia social. Para transformar la presión demográfica en prosperidad compartida se requerirá disciplina y colaboración, es precisamente esto lo que se espera de un aspirante a cargo de elección popular, en el entendido que la ciudadanía estará ahí, haciendo todo lo que le corresponda, han acordado estrechar la colaboración en torno a un enfoque común para medir el impacto de sus operaciones en la creación de más y mejores empleos, para ello se plantea fortalecer la colaboración con los gobiernos, el sector privado y otras partes interesadas, bajo la lógica de perfeccionar los resultados obtenidos, los mandatos individuales y las mejores prácticas más recientes.
La Organización Internacional del Trabajo, es pieza clave en este proceso, con el fin de garantizar que los trabajos generados, sean de calidad, donde el objetivo, es avanzar hacia una comprensión colectiva de los mecanismos para mejorar la creación de empleo y los ingresos de los trabajadores en cada región y contexto.
Solamente mediante la creación de puestos decentes de trabajo, bien remunerados, se logrará impulsar el crecimiento y reforzar los medios de subsistencia en los países; solo mediante el empleo de calidad, se puede sacar a los hogares de la pobreza, mejorar la cohesión social y reducir la violencia y el atraso.
La calidad de los empleos es una dimensión esencial de este esfuerzo; donde esta tarea de colaboración deberá permitir un diálogo sobre políticas más certero y un diseño de proyectos más eficiente que desemboque en la creación de más y mejores empleos.
En México, una vez más caminamos en contra sentido, la política social de distribuir subsidios a la gente a través de diversos programas, sin objetivos ni propósitos, en un afán de mitigar las necesidades de la gente, se constituye en una distorsión, ya que los beneficiarios si bien incrementan su poder de compra, no acceden a esquemas de desarrollo, además de que se desincentiva la exigencia por mejores empleos, además de que enmascaran la pobreza bajo la afirmación de que ha disminuido, cuando realmente existe y se vuelve permanente ya que su estadía tiene financiamiento gubernamental.
En este contexto los empresarios dejan de hacer su parte, ya que enfrentan ambientes de poca exigencia por mejores empleos, y con ello no ejercen inversiones de calidad, y por tanto reduciendo la posibilidad de incremento del Producto Interno Bruto y con la existencia de un mayor gasto público que el gobierno se está quedando sin fuentes para financiarlo, puede llevar al país a un choque económico por deuda, donde al final, no habrá empleos de calidad y tampoco programas sociales.
Una vez revisado el escenario internacional y ante la presión que generara esta ola de incremento demográfico, como ciudadanos debe llevarnos a exigir al gobierno que conduzca al país por estos esquemas de oportunidad, para generar empleos decentes y de calidad para los jóvenes que se incorporan al sistema y romper con la misma inercia de siempre, que ya sabemos a dónde conduce, no hay que olvidar que hoy mismo en México, la demanda promedio de nuevos empleos es de un millón doscientas mil plazas y solo se han creado alrededor de trecientas mil plazas promedio anuales.
Con todo afecto mis queridos lectores: ¿Qué piensan, que opinan al respecto? ¿Qué vamos a hacer? Si comenzamos a ser ciudadanos reales, si ejercemos el Poder Ciudadano, claro que habrá diferencia.




