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martes, noviembre 3, 2026
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PREMIO NOBEL DE ECONOMIA 2026

El Hijo del Camionero 
“El Gran Maestro John Maynard Keynes, siempre tuvo razón”

 

Por: Dr. Mario Rodolfo Cid de León Carraro

Presidente de la Junta de Enlace Ciudadano, para el
Análisis de Temas Económicos y Sociales de
México y Nezahualcóyotl

 

@MRODOLFO_CID

Un amigo, Lalo Castillo, me sugirió que en el Hijo del camionero, se abordara el premio Nobel de Economía con un tanto de detalle, situación que resulta interesante, ya que el premio en sí mismo en sus distintas disciplinas, es un aval de que es totalmente correcto, lo que proponen los distintos galardonados y si se apura un poco, incluso el planteamiento resulta incuestionable, marcando la tendencia de la política internacional en la materia que se trate.

En este año 2026, el Premio Nobel de Economía, cuya denominación real es: “Premio Sveriges Riksbank de Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel 2026”, fue ganado por Robert E. Hall de la Universidad de Stanford, California, y Michael Woodford de la Universidad de Columbia, Nueva York, ambas en Estados Unidos, por su aportación respecto a lo que se entiende “Para los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica”

Robert E. Hall y Michael Woodford, han desarrollado nuevos modelos macroeconómicos que han mejorado significativamente la capacidad para implementar políticas de estabilización eficaces. Por esos modelos, las medidas de política fiscal y monetaria oportunas pueden reducir las fluctuaciones de la economía.

La idea de un modelo, es conocer de forma experimental, como funcionaria la economía, al responder está a ciertos parámetros, lo que implica que los modelos ideados por Robert E. Hall y Michael Woodford, no son especulativos, sino que funcionan paramétricamente ajustados a la realidad, por lo que ofrecen proyecciones sobre las que hay que actuar de manera preventiva, para evitar eventos que de forma natural, tendrían lugar.

La economía se caracteriza por la alternancia de recesiones y repuntes, situación que en su momento el economista John Maynard Keynes expuso en sus teorías, las que hasta la fecha, siguen proporcionando base a diversas escuelas del pensamiento económico; la política de estabilización ha sido fundamental para afrontar estas fluctuaciones a pesar de lo que los detractores del Maestro Keynes afirman, a pesar de haber sido desmentidos históricamente en distintos momentos.

Durante las recesiones, la economía se impulsa reduciendo los tipos de interés y aumentando el déficit presupuestario, buscando que en el mercado existan los recursos disponibles y suficientes, para que la gente pueda reactivar el consumo y con ello, hacer que crezca la oferta, mientras que para frenar una economía en auge debería hacerse lo contrario; esta barbaridad la propone la Escuela Austriaca, donde Mises asegura que es lo ideal para contener la inflación, lo que es un tanto lo que ocurre en la Argentina de hoy, se contrae la oferta, se genera por tanto desempleo, la gente sin empleo no puede consumir, por lo que la producción que subsiste, para que sea adquirida, tiene que bajar sus precios, teniéndose baja inflación a costa de un alto desempleo.

A un siglo, Jonh Mynard Keynes, sigue teniendo razón y sobre su teoría, los galardonados diseñaron sus modelos.

Sin embargo, durante las crisis petroleras de la década de 1970, parecía que los modelos keynesianos que rigen cuándo y cómo deben implementarse las medidas ya no funcionaban, lo que en los hechos teóricos, no era o es algo que fuera real, sino por el contrario, aparecieron nuevos aspectos en el desempeño económico, que no eran contemplados en el modelo; por ello Robert E. Hall y Michael Woodford reciben el premio de ciencias económicas de este año por demostrar cómo se podrían reconstruir los modelos económicos para reactivar la política keynesiana de estabilización.

En lugar de basar los modelos en vínculos estadísticos entre variables macroeconómicas, como la inflación, la producción y el consumo, optaron por construirlos sobre una base microeconómica, lo que implica comprender cómo el conjunto de hogares y empresas influye en la economía a través de sus acciones, lo que representa que las escuelas subjetivistas siempre tuvieron la razón en sus postulados.

Un componente fundamental de estos modelos es que los hogares y las empresas tienen una visión de futuro al tomar decisiones sobre ahorros o precios de productos, por lo que cuando los gobiernos y los bancos centrales comunican sus planes de política económica, pueden influir en esta perspectiva y orientar la economía en la dirección correcta.

Desde su introducción, estos nuevos modelos han sido de gran ayuda para afrontar las recesiones económicas que han afectado a occidente, por lo que el trabajo de los premiados ha proporcionado una base teórica sólida para los modelos que ahora utilizan los bancos centrales y los gobiernos de todo el mundo, lo que implica generar una mejor preparación para afrontar las perturbaciones económicas, como las crisis energéticas o los cambios repentinos en el consumo de los hogares, de acuerdo a lo expresado por John Hassler, presidente del Comité del Premio de Ciencias Económicas.

Las investigaciones de Robert E. Hall y Michael Woodford, han generado elementos que permiten gestionar las recesiones económicas de mejor manera, sentando las bases del paradigma neo keynesiano, en el que los modelos se construyen sobre fundamentos microeconómicos, es decir, de abajo hacia arriba. Los resultados económicos son consecuencia de las decisiones tomadas a nivel micro por hogares y empresas, por lo que al utilizar modelos basados ​​en este enfoque, en lugar de simplemente estudiar la economía desde una perspectiva macroeconómica, como una visión panorámica, estas investigaciones han generado un cambio de paradigma en la teoría de la política de estabilización.

La idea de que las políticas de estabilización pueden tener grandes beneficios se remonta a la obra de John Maynard Keynes, de hace casi un siglo, su planteamiento, que aún constituye la base de las políticas de estabilización, era que la demanda total de bienes y servicios por parte de los hogares y las empresas no se ajusta automáticamente a la capacidad productiva de la economía: si la demanda es demasiado baja, habrá un alto desempleo y un bajo crecimiento y si es demasiado alta, la economía con una oferta que no crece, la inflación aumentará. Las subidas y bajadas, pueden compensarse estimulando la demanda cuando es demasiado baja y ralentizándola cuando es demasiado alta.

Los modelos keynesianos tradicionales se basaban en la supuesta estabilidad de las correlaciones estadísticas entre variables macroeconómicas clave como la inflación, el consumo, el desempleo y la producción, un ejemplo es la relación entre la inflación y el desempleo, que muestra que la inflación tiende a ser baja cuando el desempleo es alto, y viceversa; otro ejemplo es que el consumo está determinado por la renta disponible total de los hogares: una mayor renta disponible conlleva un mayor consumo; se asumió que la relación entre estas variables era aproximadamente lineal, de modo que si una variable cambiaba, la otra lo hacía proporcionalmente, por lo que partiendo de esta premisa, era sencillo calcular cuánto acelerar o desacelerar la economía; sin embargo, este enfoque resultó ser demasiado simple para funcionar de forma consistente.

Las fallas que presentó el modelo keynesiano respecto a la política de estabilización en la década de los años 1970, no se debió a un diseño propiamente dicho, sino a las determinantes del consumo privado, por lo que con anterioridad se argumentó que el consumo depende al menos tanto de las expectativas de los hogares sobre los ingresos futuros como de sus ingresos actuales, lo que complica la política de estabilización porque las expectativas de los hogares sobre el futuro no son constantes, sino que se ven afectadas por variaciones en factores como los impuestos, las tasas de interés o la inflación, sin embargo, la hipótesis sobre la importancia de las expectativas era difícil de probar y cuantificar, las expectativas de los hogares no son directamente observables.

Muchos investigadores intentaron encontrar indicadores de las expectativas de los hogares sobre los ingresos futuros para ver si se podían predecir las decisiones de consumo, pero ninguno tuvo éxito, hasta que Robert E. Hall comenzó a pensar de una manera completamente nueva.

La idea central de Hall era que si el consumo de los hogares se rige por sus expectativas de ingresos futuros y otras consideraciones relevantes, entonces sus decisiones de consumo son el indicador perfecto de dichas expectativas: si son optimistas, consumirán más que si son pesimistas, esto también significa que solo ajustarán su consumo si cambian su evaluación del futuro, lo cual requiere la llegada de información nueva y relevante. Por definición, la información nueva no se puede predecir ya que entonces dejaría de ser nueva, ni tampoco se pueden predecir los cambios en el consumo, si la teoría es correcta.

Hall cambió totalmente el enfoque de la investigación: en lugar de buscar indicadores que pudieran pronosticar el consumo de los hogares, los investigadores debían poner a prueba la hipótesis de que no es posible pronosticar los cambios en el consumo, resultando correcta la hipótesis, ninguna variable parecía ser de importancia decisiva para predecir los cambios en el consumo; la constatación de que ahora existía un punto de referencia natural era tan importante como demostrar la exactitud de la teoría.

Los cambios en el consumo que se pueden predecir dependen de desviaciones de los supuestos de la teoría, como por ejemplo, que algunos hogares no puedan obtener préstamos o no tengan ahorros, viviendo al día, utilizando el punto de referencia de la teoría, los investigadores podrían estimar la proporción de consumidores que se encuentran en esta situación.

Por otra parte Michael Woodford presenta un modelo macroeconómico neokeynesiano completo basado en fundamentos microeconómicos. El modelo macroeconómico, con sus tres ecuaciones, es el prototipo de todos los modelos neokeynesianos que le han seguido, su propósito es funcionar como una especie de laboratorio para los responsables de la política económica.

¿Qué sucede con el PIB y la inflación si se reduce la tasa de interés? ¿Cuánto deberían aumentarse las tasas de interés para estabilizar la inflación en una situación económica específica?: los modelos keynesianos tradicionales ofrecían respuestas a estas preguntas, pero estas resultaron ser poco fiables, los nuevos modelos utilizaron fundamentos microeconómicos, con descripciones de cómo los agentes individuales toman decisiones sobre el consumo, la producción y los precios de los productos, y proporcionaron respuestas más fiables.

Un elemento importante en el modelo de Woodford es la descripción de cómo se determina el consumo, este representa la mayor parte de la demanda total de bienes y servicios en la mayoría de los países.

La importancia del consumo ya se había reconocido en el enfoque keynesiano tradicional, pero lo novedoso fue la inclusión del resultado de Hall: que el consumo depende de las expectativas de los hogares sobre sus ingresos futuros, el consumo también depende del tipo de interés; si el banco central reduce su tipo de interés oficial, el ahorro se vuelve menos rentable y el consumo será mayor hoy que el que se espera en el futuro.

Si el tipo de interés, se sitúa en un nivel intermedio, es decir un tipo de interés neutral, no estimula ni reduce el consumo. El concepto de interés natural fue introducido a finales del siglo XIX por Knut Wicksell, uno de los economistas suecos de mayor influencia internacional; inspirado por Wicksell, Woodford demostró que los bancos centrales pueden estimular o suprimir la actividad económica ajustando los tipos de interés, en lugar de hacerlo mediante la cantidad de dinero en circulación, de esta forma Woodford demuestra que esta fue una contribución importante que hizo que los modelos neokeynesianos fueran más útiles en la práctica.

Robert E. Hall y Michael Woodford, demuestran que la buenas ideas, a pesar de ser buenas, no implica que estén acabadas, por el contrario, pueden seguir desarrollándose, corregirse, mejorarse, dotarlas de nuevos aspectos.

En su momento los modelos Keynesianos tradicionales, tal como los desarrolló el autor, explicaron y permitieron anticipar o corregir diversas distorsiones en la economía, pero al igual que el marxismo, al no seguirse investigando y revisando las nuevas relaciones económicas, los modelos se fueron rezagando, no es que no sirvieran o fracasaran, sino que no se actualizaron en sus conceptos, tal cual lo demuestran los premiados; los profesores Robert E. Hall y Michael Woodford han vuelto a hacer muy útiles estos modelos, con la enorme corrección que aportan, la determinación de los niveles de consumo de las familias, las empresas y el gobierno, generando herramientas que dan certeza en la elaboración de la política económica.

Ante el fracaso del neoliberalismo, el evidente fracaso del libertarismo, con la aportación de los profesores Robert E. Hall y Michael Woodford, en Neo keynesianismo emerge nuevamente como opción y como instrumento de la Democracia Cristiana histórica, aquella de Rerum Novarum.

En vísperas de las elecciones, regresamos aquel postulado impulsado en esta columna: “vota por quien sepa y pueda”

 

Fuente: Academia Sueca de Ciencias, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero y análisis propio.